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Bienvenido, te encuentras en Inicio Coffee Break Mirada Capital II: Terremoto y valor público |
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Artículo correspondiente al número 273 (9 al 23 de abril de 2010)
En medio de la destrucción, Carabineros anima una fiesta infantil. Eso es conexión con su comunidad. Eso es construir valor público . Por Rodrigo Jordan.
La señora María dice que por suerte no ha llovido. Su mirada refleja el cansancio y la tristeza por tanta destrucción. Hace dos semanas, el terremoto la dejó sin nada. La ola entró a Constitución y barrió con su propiedad. Hoy pernocta en una carpa facilitada por los militares. Vive de raciones que recibe dos veces por semana. Consisten en pastas y legumbres. Hace días que sus nietos no han comido fruta o verdura. Le pregunto ¿qué viene ahora? “No sé, no veo una salida”, me responde. Lo que la define es la total desesperanza. Al mirar el panorama no me queda más que estar de acuerdo.
En la plaza logro entrevistarme con el alcalde, Hugo Tillería. En su rostro, la misma tristeza. Y cómo no: se cayeron colegios, policlínicas, hospitales, oficinas públicas y más de un millar de casas. La electricidad sólo llega a un 60% de la ciudad. En la zona central no hay luz, agua ni teléfono, y el alcantarillado está destrozado. El olor en el aire lo confirma. Pienso en las enfermedades que sobrevendrán. Salgo de regreso a la plaza, triste y acongojado. ¿Qué hacer? ¿Cómo? ¿Qué priorizar? La solución parece estar por sobre nuestras capacidades.
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| El autor es presidente de la Fundación por la Superación de la Pobreza. |
De pronto escucho música al otro extremo de la plaza. Los añosos y frondosos árboles que no han sufrido daño me impiden ver lo que sucede. Me acerco, curioso, y descubro el Edén. Un retén móvil de Carabineros ha organizado una fiesta para los niños. Payasos improvisados con pelotas rojas en la nariz y pelucas rosadas inflan globos, cuentan chistes y suben a los niños al escenario. Otros niños hacen fila para subirse a la moto que, conducida por un carabinero, da vueltas a la plaza. Un carabinero jinete recorre la misma plaza con niños de 2 y 3 años sentados, uno adelante y otro a la grupa.
Lo que más me impresiona es el carabinero, alto y fornido, que anima el espectáculo, vestido con pantalón, polera verde y gorro de trabajo. Lleva horas conduciendo el acto para traer algo de alegría a la comunidad. Me vuelve el alma al cuerpo. Me pregunto: ¿a quién se le habrá ocurrido esto? ¿En qué momento un capitán o un teniente deciden que, además de patrullar las calles, hay que transformarse completamente y entregar a la comunidad un servicio totalmente distinto al que están habituados a dar? ¿Cómo fue posible que esa autoridad tuviera tal grado de conexión con la comunidad, esa capacidad de interpretar lo que la ciudadanía necesita? ¿Esa capacidad de ejecutar un emprendimiento tan útil y necesario? ¿En qué proceso de la historia se instaló un liderazgo de características tan extraordinarias? Ese capitán, ese teniente, ese mayor, ese sargento, contribuyen significativamente al valor público de Carabineros de Chile.
En las empresas se pide que los ejecutivos creen valor empresarial. A las autoridades de gobierno debemos pedirles que creen valor público. No sólo se trata de servir eficientemente a la ciudadanía, que por cierto es una obligación básica, sino crear valor público. Que nuestras instituciones sean valoradas por la ciudadanía para el desarrollo del país. El Metro de Santiago, la radio, el Servicio de Impuestos Internos, el programa Servicio País de la Fundación Superación de la Pobreza, son ejemplos de construcción de valor público: prestan un servicio excelente a la ciudadanía y ésta los reconoce porque hacen de Chile un país más valioso.
El liderazgo público del oficial a cargo de ese retén móvil es un ejemplo que todos debemos seguir.