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Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010
Por lo visto, en el Congreso no sólo se dan peleas legislativas. A ratos también se transforma en un verdadero coliseo, donde las discusiones se tornan acaloradas y vuelan empujones, cachetadas y sacadas de madre. La web está plagada de videos y en muchos de ellos se repiten los participantes. Por Cristián Rivas.
La regla dice que se les debe definir con el calificativo de honorables, pero hay veces en que diputados y senadores ciertamente confunden los salones del Congreso con verdaderos cuadriláteros de boxeo. El último de estos desencuentros lo protagonizaron hace unos días los diputados Fidel Espinoza (PS) y René García (RN), junto con el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter (ver recuadro) que, aunque no terminó en golpes, fue duramente cuestionado por el encono con que se expusieron algunas críticas. Al margen de ese episodio, el anecdotario de peleas en la historia política da para todo.
Y aunque estos hechos no necesariamente ponen en cuestión la calidad del trabajo legislativo ni debieran dar pábulo a generalizaciones, lo cierto es que están allí y, por lo escandalosos que resultan, terminan salpicando al resto. He aquí un recuento de los rounds más vistosos.
Partamos con el propio Fidel Espinoza, quien tiene varios encontrones anteriores en su prontuario parlamentario. Lejos, uno de los más recordados sucedió en agosto de 2004, cuando culminaba una sesión en que la Cámara había aprobado una moción que concedía indulto a condenados por delitos políticos. Al terminar la votación, el UDI Darío Molina lo insultó desde el otro lado del plenario, cuestión que el socialista no dejó pasar y se encaminó a la bancada de derecha para increparlo. A su paso, el también UDI Juan Masferrer intentó golpearlo y trastabilló, pero luego se abalanzó sobre él.
En paralelo, el PS Alejandro Navarro recibía un fuerte puñetazo del UDI Iván Norambuena; el golpe lo hizo retroceder y caer por la escala de la testera, donde se afirmó de otro UDI, Felipe Salaberry. Mientras esto ocurría en el pleno, desde las tribunas familiares de los presos lanzaban gritos contra todo el hemiciclo, acalorando aún más la trifulca. Igual que en un coliseo.
Pinochet al centro
Pero si de peleas se trata, la que todos tenemos en el recuerdo colectivo es la que protagonizó Iván Moreira en 1995. Visiblemente alterado, empujó a su colega, el presidente del PPD, Jorge Schaulsohn, quien hacía declaraciones sobre Augusto Pinochet en los pasillos del Congreso. Moreira irrumpió ante las cámaras y, junto con empujar violentamente a Schaulsohn, gritó la frase: “este es el show de este pelota”.
Pero el asunto no terminó ahí. El UDI aprovechó la presencia de las cámaras de televisión y continuó defendiendo a gritos el gobierno de Pinochet, junto con fustigar a Schaulsohn. “No voy a aceptar que un carajo como Schaulsohn, siga fustigando a las Fuerzas Armadas. Está bueno ya que deje de su show, que pelee como hombre, porque verdaderamente es un cobarde… responsablemente, como Iván Moreira, aunque sigan atacándome, quiero decirles derechamente que la política chilena es una mierda”, culminó el hoy todavía diputado, por cinco períodos consecutivos.
En torno a la figura de Pinochet se sucedieron varios otros desencuentros, y no sólo en la Cámara, también en el Senado. El momento de mayor tensión fue el 11 de marzo de 1998, cuando el general recién asumía como senador vitalicio. En ese momento, el diputado Jorge Soria irrumpió en la escena –hijo del legendario alcalde de Iquique–, se acercó a Pinochet para preguntarle por los detenidos desaparecidos, momento en el que el Senado se transformó en una verdadera ramada, donde varios otros parlamentarios marchaban con pancartas recordatoriasde detenidos desaparecidos. En medio de la trifulca, en un rincón el diputado Sergio Correa se abalanzó a golpes sobre Soria, quien no alcanzó a responder certeramente sus puñetazos al ser detenido por Iván Moreira y otros parlamentarios que salieron a calmar los ánimos. De antología.
Más recientes
El año pasado fueron varios los desencuentros. Como el que se produjo en la interpelación al ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, por la violencia instalada en la Araucanía. En el hemiciclo, el diputado UDI, Gonzalo Arenas acusó al gobierno de mentir a los mapuches y, luego de increpar al ministro, se acercó a la testera y le lanzó a la cara un papelito arrugado. Pérez Yoma, con el rostro crispado, contraatacó arrojando el mismo proyectil usado en su contra.
Pero no se equivoque, las peleas y encontrones no han sido sólo en dependencias del Congreso. Cómo olvidar, por ejemplo, la batahola que armaron el año pasado los senadores Camilo Escalona (PS) y José Antonio Gómez (PRSD), en el acto en que se daba por elegido como candidato de la Concertación a la presidencia al senador Eduardo Frei.
Justo cuando se daban a conocer los resultados oficiales de las primarias, Gómez comenzó a sentir un dedo que lo presionaba insistentemente en su espalda. Al girar su cabeza se encontró con Escalona, que se acercó en tres ocasiones a su oído. Quienes estaban más cerca no quisieron reproducir los términos de la discusión, salvo decir que hubo un duro intercambio de improperios y recuerdos de parientes, antes de que varios dirigentes sacaran a Escalona del escenario, mientras le reprochaba a Gómez el intentar dividir a la Concertación, al presentarse como candidato a las primarias.
También lejos del Congreso, fueron varias las cachetadas y combos que alcanzaron a propinarse algunos concejales y la senadora Evelyn Matthei; todos, participantes del segundo Congreso de Concejales de Chile que se realizó el año pasado en Coquimbo, al que estaban invitados los candidatos presidenciales. Todo iba bien hasta que llegó el turno de Piñera y una masa de adherentes empezó a gritar vítores, viniendo de inmediato la respuesta del bando opositor.
Varios concejales intercambiaron golpes de puño y empujones, pero el acontecimiento más candente y bochornoso fue cuando los adherentes de Frei se retiraron del salón y desde la puerta comenzaron a gritarle a Piñera “asesino y ladrón”, situación que la senadora no aceptó y sorpresivamente se incorporó para ir a increpar a los simpatizantes de la Concertación. Allí, en una puerta, comenzó el altercado: la paramentaria quería que se retiraran de las inmediaciones del salón, pero los concejales opositores se resistían a que los sacara y comenzó otra vez la trifulca de golpes, empujones y groserías. Todo un ejemplo.
| El último round |
| La pelea de la semana pasada entre Fidel Espinoza, René García y Rodrigo Hinzpeter se inició cuando, en medio de una sesión especial de la Cámara, Espinoza sacó a colación la supuesta tardanza con que el titular de Salud, Jaime Mañalich, le practicó una alcoholemia en octubre pasado a Miguel Piñera. Esto desató una acalorada discusión en el hemiciclo, y no faltaron los insultos, incluso con tintes homofóbicos, como los que profirió el diputado René García, quien trató de “cola” a Espinoza. Momentos después, y aprovechando su intervención, Hinzpeter dijo que “en Google acabo de encontrar una noticia que dice que el diputado Fidel Espinoza a través de otras personas explota a mujeres contratadas y les paga 40 mil pesos. Yo no usaría ese argumento que sale en la prensa en mi exposición”. Fue entonces cuando la presidenta de la Cámara, Alejandra Sepúlveda, suspendió la sesión y citó a una serie de reuniones, mientras Espinoza debía ser contenido por sus compañeros de bancada cuando se acercaba a increpar a Hinzpeter. |
| Bachelet, omnipresente |
“No me parece positivo que las alzas de impuestos sean transitorias y las bajas de impuestos sean permanentes”, dijo Michelle Bachelet, desatando la molestia del propio presidente Piñera y dejando en claro que la ex mandataria no dejará espacio para el proceso de destrucción de imagen que sufrió la gestión de su antecesor, Ricardo Lagos, tras abandonar La Moneda. Porque si Lagos optó por convertirse en un ciudadano del mundo, más preocupado por el calentamiento global que por el tono de las discusiones en Chile, lo de Bachelet ha sido literalmente opuesto: presencia mediática, reuniones con adherentes e intervenciones, tanto para defenderse de los ataques como para criticar las propuestas de su sucesor. ¿Un plan concebido para regresar en 2014? Por cierto que, como buena candidata, lo negará hasta el cansancio. Pero las dificultades de la oposición para encontrar un elemento aglutinador, así como la mantención de una alta popularidad, incrementan sus posibilidades. El detalle: que Piñera sea capaz de permear tan fuerte con su relato de un gobierno “hacedor”, que la “cariñocracia” no sea más que un grato recuerdo en las preferencias de los electores. |
| Familiares de temer |
Los expertos coinciden: el gran desafío de las empresas familiares es perdurar en el tiempo mediante un traspaso ordenado y fluido de una generación a la siguiente. Según Universia Wharton, en el caso de España, de cada cien compañías de este origen, sólo treinta llegan a manos de la segunda generación y apenas cinco son gestionadas por los nietos. Bien lo saben en Eulen, el grupo hispano de tercerización de servicios con amplia presencia en América Latina. David Alvarez, su fundador, y dos de sus hijos fueron removidos de la cúpula de la sociedad patrimonial familiar a comienzos de año por los otros hermanos, uno de los cuales se adelantó a los planes de su padre para recuperar el mando del consejo directivo, convocando a una junta extraordinaria que lo forzó a renunciar a todos sus cargos. Algo parecido le ocurrió a María Teresa Rodríguez, la accionista mayoritaria de Galletas Gullón, todo un clásico en tierras ibéricas. En septiembre del año pasado, dos de sus hermanos y tres de sus cuatro hijos la despojaron de todos sus poderes en la empresa y un mes después la relevaron de la presidencia. |