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Artículo correspondiente al número 258 (7 al 20 de agosto de 2009)
Hace un par de semanas, Gol bajó la cortina en Chile poniendo, de paso, fin al sueño de multiplicar sus operaciones en América del Sur. Sí, porque antes de cerrar la ruta Santiago-Buenos Aires, ya lo había hecho con los vuelos Lima-Sao Paulo, Santiago-Sao Paulo y Lima-Santiago.
En la industria dicen que no fue una buena experiencia para la compañía liderada por Constantino de Oliveira Jr. Cuando inició su aventura de expansión en 2006, la firma tenía una capitalización bursátil de 6.500 millones de dólares, la que al día de hoy llega a los 1.580 millones de dólares. A ello hay que sumar el triste record de haber invertido casi 300 millones de dólares en un proyecto que no fructificó.
¿Qué le pasó a Gol? Para los entendidos, el resultado en esta zona del continente es consecuencia de la estrategia de choque a nivel regional instaurada por Lan –liderada por Enrique Cueto– y de Tam, a nivel doméstico y en las rutas de largo alcance.
En 2006, cuando Gol inició su arremetida en el cono sur con la bandera del low cost, Lan preparó su artillería pesada para contener el ataque. Para ello se enfocó en reestructurar sus operaciones en los recorridos domésticos y regionales, lo que le permitió introducir una baja de tarifas con la creación del plan “la nueva forma de volar”.
A eso se sumó que el modelo de venta de Gol (basado en Internet y algunas agencias de viajes), así como que muchos de sus horarios eran poco atractivos, no le permitieron subir sus poco rentables índices de ocupación.
Mientras tanto, Tam hacía de las suyas. ¿Cómo? Sumando cuota de mercado en el mercado doméstico e impulsando una fuerte arremetida en las rutas de largo alcance, donde logró sacar bastante ventaja.
Pero sin duda, los más contentos son los ejecutivos de Lan, ya que en 2006 se pararon de igual a igual ante un operador que tenía buena prensa, altas expectativas, bajos precios y una capitalización de mercado casi tres veces superior.