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Artículo correspondiente al número 263 (16 al 29 de octubre de 2009)
La Gran Recesión está afectando especialmente a los jóvenes, que no han logrado iniciar una carrera laboral y podrían ver afectado irreversiblemente su futuro.
El desempleo ha subido en todo el mundo como consecuencia de la crisis: alcanzó un máximo de la posguerra de 8,5% en los 30 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y la misma OCDE prevé que podría elevarse a 10% a fines del próximo año. El Fondo Monetario Internacional advirtió que esta podría ser una recuperación sin empleo.
Pero donde las cicatrices pueden ser más profundas es en los jóvenes que no logran encontrar un empleo e iniciar una carrera laboral. Los datos son para sentarse a llorar: en Estados Unidos, la tasa de desempleo para personas entre 16 y 24 años supera el 18%, en comparación con el 13% de hace un año. En España, la desocupación en ese tramo etáreo es de 39%, muy por encima del 24% de Francia y el 19% de Inglaterra.
Cuando finalmente la recuperación les permita acceder a un trabajo, es probable que se sientan decepcionados al estar por debajo de personas con, por ejemplo, menos estudios, pero que han trabajado todo el tiempo. Y habrá múltiples generaciones luchando por los empleos que se crearán.
Un estudio de Lisa Kahn, de la escuela de Gestión de Yale (The Long-Term Labor Market Consequences of Graduating from College in a Bad Economy*, http://mba.yale.edu/faculty/profiles/kahn.shtml) concluye en que egresar de la universidad en una economía recesiva tiene un efecto negativo duradero en los salarios. En él se plantea que en Estados Unidos quienes se graduaron durante una recesión reciben entre 6% y 7% menos durante su primer año de trabajo por cada punto porcentual de subida en la tasa de desempleo. Y quince años después, siguen ganando 2,5% menos que quienes se iniciaron en un momento más próspero.
En Japón, donde se habla de una generación perdida desde 1995, quienes iniciaron su carrera hace más de una década y son ahora treintañeros representan seis de cada diez casos informados de depresión y estrés laborales. Según el ministerio de Asuntos Internos nipón, hoy casi 3,1 millones de japoneses entre 25 y 34 años trabaje como empleados temporales o a honorarios, por encima de los 2 millones de hace 10 años. Los empleadores allí valoran la experiencia... algo que quien no ha encontrado trabajo no puede tener.
Las soluciones no están a simple vista. Una es que las empresas sigan contratando jóvenes, aun si han tenido que hacer despidos en otras áreas, de manera que cuando la recuperación se afirme no falten personas capaces de tomar el relevo.
Otra, propuesta por los economistas pro mercado, es remover obstáculos al empleo juvenil, como un salario mínimo demasiado alto. En Estados Unidos y Europa algunos gobiernos han implementado salarios “sub mínimo” para jóvenes o personas que realizan pasantías.
Uno podría pensar que con la recesión las empresas se sienten tentadas a despedir a los trabajadores antiguos y contratar a jóvenes, más baratos. Las cifras muestran que no es así. En América latina, un informe reciente de la Cepal y la OIT indica que, al examinar los datos de los países que cuentan con información de la tasa de participación desagregada por grupo etáreo, se observa una reducción de la inserción laboral juvenil. El documento plantea que aunque hace falta contar con más información para confirmarlo, esta tendencia podría reflejar un factor de desaliento en la búsqueda de empleo frente a oportunidades más restrictivas.