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Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)
El abogado e investigador Axel Kaiser arremete con un segundo libro para analizar lo que denomina “anorexia cultural de la derecha frente al avance ideológico progresista”. Una pluma filuda que, seguramente, dará que hablar.
-¿Piñera representa esa revolución de ideas que propugnas en tu libro para la derecha?
-Piñera pertenece a un grupo de técnicos de alta capacidad pero desconectado de las dimensiones más profundas del hombre en cuanto ser social. Lo suyo no son las ideas ni la cultura, sino los números, cuestión relevante pero totalmente insuficiente para articular un referente de derecha capaz de liderar la evolución social del país. El problema es que en la derecha predomina un enfoque productivista que hace imposible desarrollar un relato político convincente en el largo plazo. Probablemente el último hombre del sector que tuvo clara la importancia que ocupa la lucha por la cultura en la batalla política fue Jaime Guzmán.
-Acusas al progresismo de lavar cerebros a las masas. ¿Tanto así? ¿No es posible pensar que las masas también tienen sus propias ideas y que, más bien, la derecha no ha conseguido armar una oferta atractiva?
-Precisamente porque no entiende el poder de las ideas, la derecha ha sido incapaz de formular una oferta atractiva. Cuando se analiza la historia del siglo XX, la forma en que tomaron cuerpo los diversos socialismos en el mundo –nazismo y marxismo- se llega a una conclusión bastante clara: todo comienza por los intelectuales, fundamentalmente en universidades y colegios. Las masas, como decía Ludwig von Mises, no desarrollan filosofías propias, por lo que tienden a seguir las creadas por los intelectuales aun cuando no tengan noción sobre su origen. En ese contexto, la izquierda autodenominada “progresista” siempre ha conferido a las ideas y a las manipulaciones del lenguaje un rol central en su lucha por el poder. El lavado de cerebro que realiza consiste en impregnar la cultura de sus ideas y socavar progresivamente la conexión entre lenguaje y realidad, con lo cual consigue que se den por ciertas cosas totalmente falsas, y viceversa. De ahí extrae gran parte de su capital político.
-También criticas el “encierro” de las elites. ¿Qué deben hacer? ¿Poner más plata, tomar la iniciativa, desplazar al Estado?
-Da la impresión de que sectores importantes de las elites económicas y sociales se han olvidado por completo de su responsabilidad en la lucha intelectual. Se sienten a salvo en sus colegios, barrios y universidades sin advertir que Chile está cambiando para mal. Las clases adineradas de derecha deben asumir un rol protagónico en la lucha por las ideas ya que es muchísimo lo que se puede hacer por cambiar la historia cuando se tienen los medios para influir en las creencias de las mayorías. George Soros es el mejor ejemplo. Sin duda ha sido uno de los hombres de negocios más influyentes del siglo XX, pero mucho más por su promoción de think tanks e intelectuales que por su habilidad financiera. Si las elites de derecha que cuentan con los medios no actúan y se quedan preocupadas nada más que del saldo de la cuenta corriente a fin de mes, un día se van a encontrar en un Chile irreconocible. No sería la primera vez.
-¿Hay espacio para el diálogo entre los sectores progresistas y de derecha?
-Sin duda hay espacio. En la centro izquierda existen académicos, fundamentalmente economistas graduados en Estados Unidos, que han logrado desideologizarse bastante. Lamentablemente son pocos y su influencia sobre el mundo político de izquierda es débil. Pero no hay que engañarse. Aquí se enfrentan visiones de sociedad y país que son incompatibles.