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Artículo correspondiente al número 273 (9 al 23 de abril de 2010)
María Elena Ovalle, la ex consejera del Banco Central, tuvo su primer contacto con Pomaire hace unos quince años, cuando junto a su familia decidió comprar un campo en esa zona. El fundo, de 120 hectáreas, está hoy mayoritariamente ocupado por naranjos y, desde 2005, es también uno de sus lugares de descanso preferidos. Pero no todo ha sido solaz. Hace tres años, junto a un grupo de amigas, decidió emprender en turismo, para lo cual compraron una antigua casa de adobe a la entrada del pueblo, donde abrieron el restaurante Las Llaverías de Pomaire.
La idea era atraer al turista de alto nivel; es decir, aquel ejecutivo que está en viaje de negocios en Santiago o a los adultos mayores que llegan a Valparaíso en cualquiera de los tantos cruceros veraniegos. A todos se les ofreció un alto estándar de servicios y una alternativa de comida tradicional, más la posibilidad de conocer el trabajo artesanal con la greda, lo que implicó trabajar codo a codo con las alfareras del pueblo.
De paso, se asociaron con algunas viñas de la zona, con las que organizaron circuitos que incluían paseos por las vides, almuerzos en el restaurante y tardes de compras en los locales del pueblo. El plan funcionó a la perfección, extendiendo incluso la actividad turística más allá de los fines de semana.
Todo iba bien, hasta que el proyecto fue golpeado por el violento terremoto que asoló al país en febrero pasado. Tras el sismo, las imágenes que se proyectaron en los medios dieron cuenta de un poblado en el suelo, con millares de piezas de greda quebradas. Y aunque efectivamente mucho de eso ocurrió, la verdad es que en Pomaire se levantaron rápido, dejando rápidamente esa imagen en el pasado.
El problema, ahora, es que tienen que transmitir al mundo que están nuevamente de pie. Sí, porque ya no llega el mismo volumen de visitas, ya que muchos turistas se quedaron con la imagen de un pueblo en ruinas.
Por eso, hoy María Elena Ovalle y la Agrupación de Mujeres Alfareras están empeñadas en transmitir que el pueblo está recuperado. Han tomado contacto con distintos colegios de Santiago para que vuelvan a llevar a sus estudiantes a aprender de la greda, y están nuevamente intentando captar el tráfico de turistas de alto nivel. Como buenas mujeres, no se han quedado de brazos cruzados.
Y aunque todavía les falta para consolidarse como la capital de la alfarería nacional, que es el sueño de todas, Ovalle dice que están felices de haber aportado un granito de arena a la profesionalización de la actividad.