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Coffee Break
¿El retorno de los republicanos?

Artículo correspondiente al número 267 (11 al 24 de diciembre de 2009)


El Partido Republicano estadounidense tomó nuevos aires con sus recientes triunfos electorales. ¿Pero es un cambio de tendencia o sólo un buen momento? Por Gabriel Sanchez-Zinny.

Luego de dos fuertes derrotas en 2006 y 2008, y un partido que parecía en retirada, los republicanos parecen haber tocado fondo y comenzado su recuperación a partir de las victorias en las elecciones estatales en Virginia y New Jersey en la primera semana de noviembre. Y a pesar de profundas divisiones en el movimiento conservador entre los que abogan por mayor puritanismo y los más pragmáticos, el partido parece estar en su punto más alto desde 2005. ¿Pero es esto el inicio de una tendencia positiva o sólo un buen momento?

Los principales desafíos que enfrenta el Partido Republicano tienen que ver con la gran concentración de votos en el sur, pero con la creciente disminución en el Noreste; la perdida de votantes entre afro-americanos y latinos; la falta de nuevos liderazgos que puedan inspirar a la base conservadora, pero también a los independientes; una agenda más positiva, que no sea sólo votar contra las propuestas de la administración Obama; recuperar la imagen de partido que maneja eficientemente el gobierno, que perdieron luego de Katrina e Irak, y unificar bajo una misma visión las crecientes divisiones, que amenazan convertirlo en una fuerza política minoritaria.

Parecería haber dos tipos de movimiento conservador, los que no están dispuestos a negociar y tienen una visión más principista que pragmática en los temas fiscales, sociales y morales; y aquellos más moderados, que entienden que tienen que generar un mensaje que no aliene a la base de votantes, pero de atractivo también para los independientes.

Dick Armey, quien fuera el líder republicano en el Congreso durante los 90 y unos de los principales promotores de volver a los principios básicos conservadores, señala que “uno no atrae gente con el pragmatismo, sino con el compromiso en torno a principios y valores”. Otros se oponen a esta visión, como el senador Alexander, de Tennessee, ex secretario de Educación, que alerta sobre el problema de ser un partido muy rígido, e intolerante: “tenemos que decidir si queremos ser un club de debate o un partido con una base amplia de centro derecha que pueda llegar a gobernar”.

En las elecciones del mes pasado, ambas divisiones del partido entraron en colisión. Por un lado, tanto Bob McDonnell, ganador en Virginia, como Chris Christie, próximo gobernador de Nueva Jersey, presentaron una visión moderada, apuntando a ganar votos independientes, atrayendo un buen porcentaje de los votantes de Obama en las elecciones presidenciales. Sin embargo, en otra contienda de extremo simbolismo, en el distrito 23 de Nueva York, que vota republicano desde el siglo 19, el ala más conservadora del partido, encabezada por Sarah Palin, forzó la renuncia de la candidata republicana, apoyando al minoritario y local partido conservador neoyorkino que perdió las elecciones.

Estos debates pueden ser positivos para energizar las bases del partido, y encontrar una visión renovadora, con nuevos líderes que generen mayor entusiasmo entre los votantes; pero también ofrecen difíciles desafíos para las elecciones parlamentarios del año que viene.

Si el desempleo sigue en aumento, y con esto la desilusión de la población con la administración Obama, el Partido Republicano tendrá mayor atractivo entre los votantes. Pero todavía tiene que ofrecer una visión alternativa de gobierno, si quiere volver a ser mayoría en el Congreso y a la Casa Blanca.

 

El autor es corresponsal de Capital en Washington y vicepresidente de DutkoWorldwide.

 

 

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