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El momento MEO

 

Un equipo de fútbol acostumbrado a ubicarse en los últimos lugares de la tabla no tiene la misma expectativa que un equipo grande habituado al título. Marco debe decidir si pelea por no descender o pelea por el premio mayor, tanto con miras a diciembre como para el día después. Por Cristobal Bellolio B.


A poco más de dos meses para la elección presidencial, ya corresponde dejar de referirse a la candidatura de Marco Enríquez-Ominami como a un condimento especial que agrega sabor (y una dosis de incertidumbre) a la contienda, y empezar a hablar seriamente de un fenómeno político tan interesante –pero aún más complejo– como la irrupción de Michelle Bachelet en 2005.

Revisemos algunas aristas del momento que vive actualmente la única candidatura independiente al sillón de O’Higgins.

 


Fijar la expectativa

Ya no se sabe qué esperar. Lo que partió, a ojos de la elite política, como una jugarreta, hoy amaga incluso la opción oficialista de pasar a segunda vuelta. La pregunta que corresponde hacerse a las alturas del 17% es cuál es la real expectativa para diciembre. Ganar la elección, conformarse con llegar al ballotage o rematar en un honroso tercer puesto requieren estrategias distintas. Para la primera, por ejemplo, se hace imprescindible adoptar a la Concertación y no dinamitar las confianzas; para la segunda, hay que salir agresivamente a buscar a Frei, mientras que para la tercera son bienvenidas la permanente pose crítica y la exploración de temas nuevos e incómodos para el establishment. Sin fijar la expectativa, se corre el riesgo de no contar con una estrategia clara.

 


Entre el díscolo y el estadista

Quizás por las mismas indefiniciones anteriormente expresadas, Marco Enríquez-Ominami navega entre dos aguas. Por un lado tenemos al diputado díscolo que anda con las pistolas cargadas de vehemencia y un par de verdades. Lo que ha hecho en ese sentido tiene mucho de ejercicio de liderazgo: abre discusiones que tensionan, revela contradicciones, lanza desafíos, no aspira a saberlas todas. En una palabra, moviliza. Pero cuando los chilenos eligen presidente de la República esperan que la persona que ocupe dicha investidura entregue respuestas y no haga preguntas, entregue soluciones y no nos haga demasiadas exigencias. Esto no tiene que ver necesariamente con la personalidad del candidato, sino con el rol de autoridad, del cual se esperan orden, protección y dirección. Si la idea de llegar a La Moneda va en serio, entonces, tal como vimos a ratos en el debate de TVN, Marco debe invertir en estatura. No es cuestión de “pintarse canas”, como él mismo ha descartado, sino de proyectar imagen de gobernabilidad.

 


Distinguiendo síntomas y causas

¿Podría haber sido otro quien capitalizara el descontento cautivo? ¿Podría haber sido otro el que llevara las banderas de la renovación? No cabe duda de que la figura y el storytelling de Marco es especial: es joven, arrojado (sacrifica lo único que tiene: su segura reelección como diputado) y dueño de una personalidad envolvente. Pero no equivoquemos el diagnóstico: Enríquez-Ominami es el síntoma de la enfermedad, no su causa. No siembra en el desierto. Si alguien dudaba de la cantidad de “agua en la piscina” para un proyecto alternativo y renovador, Marco despejó la interrogante. Su entorno no puede olvidar cómo llegó esa piscina a tener tanta agua. Si se trata del votante mayor (que participó en el plebiscito del 88), entonces se trata de agua cansada de las promesas frustradas. Si se trata del votante joven (que no comparte la mística fundacional de la Concertación), entonces es agua ansiosa por pertenecer a un proyecto político al cual pueda llamar propio. En la confluencia de ambas se origina el fenómeno MEO. No se puede perder de vista que se trata de causas distintas que producen un mismo síntoma.

 

 


La tarea y el propósito

La tarea es la elección presidencial. Es legítimo que todos los esfuerzos apunten al 13 de diciembre. Pero concentrarse sólo en un capítulo impide observar la película completa. Si el candidato no llega a segunda vuelta, ¿qué pasa con el “marquismo” el día después? Nadie lo sabe. Hoy su aventura es tremendamente inclusiva en su convocatoria, generando un mapa de interesante diversidad. Pero se trata de un proyecto con contornos tan difusos que se hace más que razonable dudar de su capacidad de proyección en el tiempo. A estas alturas es imperativo explicitar si existe un propósito que trascienda a la tarea. A veces pareciera que la intención de Marco es refundar la Concertación, erradicando ciertos elementos pero básicamente haciéndose cargo de la misma nave. El papel de “agente oxigenador” puede activarse a la mañana siguiente de quedar en el camino, con un cafecito en La Moneda con Frei y Bachelet, pero adquiere mayor protagonismo si finalmente es Piñera quien conquista el gobierno. Pero otras tantas veces pareciera que Marco apuesta por la conformación de un nuevo referente a partir de 2010 que, si bien recibe parte del mundo concertacionista, está principalmente dirigido al Chile que actualmente no se siente representado por las opciones tradicionales. Con inscripción automática y voto voluntario, el padrón electoral se torna algo más incierto y un mensaje que apele decididamente a las nuevas generaciones puede dar justo en el blanco. El ADN de ese proyecto no puede estar en la izquierda clásica, sino en un espíritu liberal y progresista. En esta última hipótesis, no puede haber endorsement alguno en segunda vuelta. La primera estrategia (recuperar la Concertación) requiere menos esfuerzos que la segunda (borrón y cuenta nueva), pero ésta es bastante más épica y refrescante.

 

 

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Comentarios

1 Comentarios

Jorge :

Publicado Jueves 15 de Octubre, 2009 - 18:01 hrs

ya se "comio" a Frei...la pregunta ahora, es si le queda tiempo, hasta Enero, para dar la sorpresa y derrotar a Piñera...y ojo, atrae simpatias, y votos, de descontentos de derecha e izquierda...y esta comenzando a ser rodeado por gente mas cercana, politicamente, a la derecha, y no a la concertación. 
 
Simplemente, Marcos, atrae a los "liberales", de derecha e izquierda, que no se sienten interpretados o con espacio de desarrollo, por parte de los "conservadores" de la UDI, la DC y el PS... 
 
Ojo con las parlamentarias...pueden terminar con "desagradables" sorpresas para la UDI y la DC...signo del cambio de tiempos y de mentalidad.

 
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