Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Coffee Breakarrow Chile-Perú. Terreno caliente

Coffee Break
Chile-Perú. Terreno caliente

Artículo correspondiente al número 267 (11 al 24 de diciembre de 2009)


La respuesta chilena a la protesta peruana por el supuesto caso de espionaje fue suficiente como para calmar los ánimos y recuperar el diálogo diplomático. Pero no se deje engañar: el escenario más probable incluye nuevos conflictos, al menos hasta que La Haya complete su proceso. Mientras tanto, el empresariado sigue su marcha. Por G. Turner y C. Rivas.


Martes 24 de noviembre. La cancillería chilena, a través de su director para América del Sur, el embajador Jorge Montero, entrega al encargado de negocios de la representación diplomática peruana en Santiago la respuesta formal a la nota de protesta de su par en Lima. El hecho genera dos consecuencias relevantes: la extensa polémica por el supuesto caso de espionaje retorna a los caminos diplomáticos y, simultáneamente, posibilita el apaciguamiento de una discusión que estuvo marcada por duros epítetos y descalificaciones.

Las sutilezas del lenguaje diplomático quedan a la vista: Chile rechaza el contenido de la carta, pero se abre a la posibilidad de estudiar los antecedentes enviados por Lima (las más de 500 páginas que componen el anexo). Perú, por su parte, valora la disposición de Santiago a investigar (aunque, evidentemente, estudiar no es lo mismo que investigar).

La temperatura baja y, días después, será el mismo presidente García quien modere sus declaraciones, advirtiendo a los medios que nunca pretendió calificar a Chile de republiqueta. Todo bien.

Pero la aparente calma no debe llevarnos a engaños. Seguimos en el medio de un proceso cuyo término se prevé –en el mejor de los casos– para 2011 o más, cuando la Corte Internacional de Justicia de La Haya comunique a las partes su fallo ante la solicitud peruana de definir una frontera marítima que, a juicio de Lima, no se encuentra debidamente establecida. Mientras tanto, no son pocos los que anticipan un marco de relaciones bilaterales marcado –o, mejor dicho, manchado– cada cierto tiempo por estos mañosos incidentes, la mayoría originados o puestos sobre el tapete por nuestros vecinos. ¿La razón? Al menos tres factores servirían para explicar este interés por mantener el asunto caliente: la idea de que de alguna forma sirve para influir en la decisión de los jueces de La Haya (porque se vende la imagen de un Chile expansionista, armamentista, etc.), la presión que ejercen movimientos nacionalistas internos y la relevancia que el problema alcanza en el marco de la cada vez más próxima campaña presidencial peruana.

De hecho, contrario a lo que pareciera a primera vista, todo indica que las actuales autoridades peruanas son menos proclives al conflicto. Pero Alan García debe lidiar con una fuerte corriente interna, que probablemente estuvo en el origen de la polémica por el caso de Víctor Ariza, cuando el presidente se encontraba en Singapur (lo que lo obligó a regresar anticipadamente a Lima, tomar las riendas –de la mano de un discurso más nacionalista– y luego recuperar la senda diplomática).

También los empresarios presionan para proseguir por los caminos de la diplomacia y evitar, a toda costa, que las cuestiones limítrofes se mezclen con los negocios. Eso explica el fuerte rechazo del mundo privado vecino a la propuesta de revisar el Tratado de Libre Comercio con Chile, y no faltan los que dicen que la sola mención de esa idea motivó a algunos empresarios a reclamar serenidad ante García. Esclarecedoras resultaron, por esos días, las declaraciones a la prensa de Juan Francisco Raffo, presidente del directorio de Comex Perú y del capítulo peruano del Consejo Empresarial Chile-Perú, pidiendo ponerle punto al “supuesto espionaje” para que “ya pasemos a otra cosa”.

 

 


Relaciones en expansión

 

Lo que más llama la atención al conversar con ejecutivos de empresas chilenas en Perú es la tranquilidad con que se refieren a las constantes diferencias entre Lima y Santiago. De hecho, varios cuentan que recibieron llamadas de sus jefes en Chile cuando comenzó el bombardeo de críticas ante el supuesto espionaje chileno, pero la respuesta fue la misma: transmitir tranquilidad y calma, porque en suelo peruano todos los negocios continuaban desarrollándose igual que siempre.

No hubo hasta ahora llamados a no comprar tales o cuales productos o en determinados establecimientos comerciales por ser de origen chileno. Eso ha pasado a formar parte del pasado. Claro, hoy no es lo mismo decir que no se compre en algún supermercado chileno, porque precisamente los nacionales son dueños de más de dos tercios de la oferta en este segmento, contando a Tottus (Falabella) y la cadena Wong (Cencosud). Eso, sin mencionar las alianzas entre las tarjetas de multitiendas que tienen convenios con el comercio en general, donde se suma otro actor chileno importante, Ripley, la tienda de la familia Calderón.

El mismo Raffo dice que están acostumbrados a estas diferencias geopolíticas –que se dan por lo menos una vez al mes–, por lo que no se les da mucha importancia. “Acá, para algunos periódicos el titular es sexo, crimen o Chile. Si no hay sexo, ni crimen, porque no todos los días hay, el titular obligado es Chile. Y los políticos son los que a veces le agregan cuento, sin distingo”, defiende.

 

 


Ruidos ad portas

 

Conscientes de esta tensión, las empresas y los ejecutivos chilenos actúan con cuidado, al punto que hoy es frecuente que organicen cursos y talleres para entender el origen de las diferencias y empatizar con la historia peruana.

Son tres años los que quedan por delante, sólo en lo que al juicio en La Haya se refiere, y no restan más de tres meses para que Chile deba enviar su contra memoria frente a la demanda peruana, lo que –de paso– supondrá un hito en esta relación y la primera acción en esta materia por parte del sucesor de Bachelet en La Moneda.

Mientras tanto, las Fuerzas Armadas de ambos países se miran con recelo. Perú reclama contra lo que llama carrera armamentista chilena y propugna por el mundo un pacto de no agresión, pero sin descuidar un plan de inversiones por 650 millones de dólares en cinco años para, como dijo su ministro de Defensa, “recuperar su capacidad operativa”, mediante un “sistema defensivo, básicamente antitanque y antiaéreo, de sistemas misilísticos”. Era que no.

 

 

Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com