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Coffee Break
Allamand tras bambalinas

Artículo correspondiente al número 274 (23 de abril a 7 de mayo de 2010)

 

El senador RN y la ex diputada Marcela Cubillos se sumaron a ese verdadero genero literario que busca narrar las claves de una campaña electoral exitosa. La pregunta es si la experiencia de la centro derecha chilena sirve para otras latitudes, ¿o Piñera es unico? Por Guillermo Turner.

 

¿Los presidentes nacen o se hacen? ¿Qué tan clave es la campaña para llegar a La Moneda? ¿Hasta qué punto el votante reacciona a esa serie de logos, chapitas, jingles y videos que abundan ante cada elección?

El senador Andrés Allamand cree que mucho. “Las campañas son extraordinariamente importantes”, advierte en una entrevista a Ciudad Capital (95.3FM, disponible en formato podcast en www.capital.cl). Y tanto lo cree que, junto a la ex diputada Marcela Cubillos, tardaron algo más de un mes en sacar a la luz La estrella y el arco iris: cómo, después de 20 años, fue derrotada la Concertación, un libro que narra las peripecias de la Coalición por el Cambio para llegar a La Moneda.

“El hecho en sí mismo ameritaba un relato: que la centro derecha haya roto esa especie de alineamiento de fierro instalado desde el sí y el no. A eso añado que quisimos contar la historia desde nuestra vereda y no de la de los derrotados”, cuenta Allamand.

La dupla vino, entonces, a sumarse a ese extenso listado de textos –unos más y otros menos académicos– dedicados a transmitir estrategias políticas exitosas, ya sea en la onda formal o con énfasis en la información tras bambalinas, con las divisiones internas y los momentos de angustia que de seguro existen en todo comando que se precie de tal. La estrella y el arco iris tiene algo de eso, como cuando narra las diferencias entre Carlos Alberto Délano y Rodrigo Hinzpeter por los colores que debían caracterizar a la campaña de Piñera, o el balde agua fría que supuso la primera encuesta CEP para las aspiraciones del candidato.

Pero sin herir a nadie. Porque si usted esperaba que el libro reflejara la supuesta molestia del senador RN por no verse incluido en el gabinete presidencial, entonces su desazón será mayúscula. “Este libro demuestra que todo este cuento chino que han armado no es correcto. Yo no funciono con esa lógica. Aquí no hay una palabra de resentimiento ni nada por el estilo”, confirma Allamand. Salvo “buenas pistas de las personas”, como un dato de la página 259: “si Piñera escucha o no sigue siendo un misterio”.

Lo que sí hay es el resumen de lo que los autores consideran las claves del triunfo: 1) “El libro es clarísimo: hay un éxito que se debe en buena medida al presidente Piñera, a sus propias condiciones. Lo decimos en alguna parte: él es el único que podía ganar esta elección”. 2) “No se ganó por chiripa, sino por el enorme trabajo que por muchos años desarrollaron los partidos de la centro derecha, sus parlamentarios y una estrategia opositora que resultó muy eficaz en estos últimos años”. 3) Y respecto de la campaña: “nunca en 20 años habíamos logrado transmitir una emocionalidad que ni siquiera se comparara a las de la Concertación”.

Porque como decía Frank Greer, uno de los gurúes electorales (ex asesor de Bill Clinton, Nelson Mandela y el mismo Obama): “un candidato con virtudes, disciplinado y apasionado, un mismo mensaje y una permanente presencia, no son elementos suficientes para lograr una campaña exitosa”.

La clave está en el contenido


“Cuéntame tu vida”, le dijo David Axelrod a Barack Obama el día en que se hizo cargo de construir el discurso para la campaña del actual presidente estadounidense. “El cambio era él, aunque no hubiera abierto la boca: el primer afroamericano capaz de alcanzar la Casa Blanca. Esa sola posibilidad ya era toda la épica que la campaña necesitaba”, sostienen Allamand y Cubillos.

Una alternativa que, según los autores, se consideró al diseñar el contenido de la propuesta electoral de Piñera, lo mismo que la fórmula Sarkozy, reflejada en el famoso discurso de Bercy del mandatario galo. Algo más ideológico, resucitando los valores de la libertad, emprendimiento y un Estado moderno. También, confiesan, se pensó en una estrategia “a lo Lavín; es decir, básicamente centrado en la gestión”. Pero al final ganó la idea de “una nueva forma de gobernar”, partiendo por un presidente que se hiciera efectivamente cargo de los problemas.

De esta forma, quedó claro el rol clave del mismo Piñera para la campaña. Como dice Dick Morris, pieza fundamental en la reelección de Clinton en 1996 y, más cerca nuestro, del triunfo de De la Rúa en Argentina, “los candidatos necesitan dinero para transmitir el mensaje, pero tener superioridad financiera no es crucial. Un candidato más rico con un mensaje más pobre generalmente pierde frente a un candidato más pobre con un mensaje más rico”. Morris, en todo caso, no siempre ha dado en el clavo: su fama cayó en desgracia cuando recomendó a Clinton mentir sobre la naturaleza de su relación con Mónica Lewinsky.

En la versión local de la war room, como llaman en Estados Unidos al círculo de hierro de un comando presidencial, la personalidad de Sebastián Piñera jugó un papel fundamental. Dos anécdotas de La estrella y el arco iris lo reflejan: cuando interrumpió la extensa explicación de un comentarista internacional acerca del conflicto marítimo con Perú, con la frase “lo tengo claro; te quiero recordar que en este tema, como en todos los otros, soy un experto”. O cuando alguien reaccionó mal ante una broma del candidato y él replicó en voz alta: “humor es lo que me hace reír a mí”.

La pregunta es si la fórmula Piñera servirá de experiencia para otros candidatos de la órbita liberal-conservadora que aspiren a ocupar cargos de representación. En particular, en países donde la izquierda lleva el pandero por ya bastante tiempo. Para ellos, el libro puede decir bastante.

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