La charla de Smiljan Radic a clientes de BTG - Revista Capital

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La charla de Smiljan Radic a clientes de BTG

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A las 8:30 del pasado 30 de noviembre, 60 clientes de BTG Pactual llegaron al piso 23 del edificio del Parque Titanium a escuchar a Smiljan Radic. Fue una hora en la que, a través de un conversatorio con el poeta Cristián Warnken, el arquitecto habló de su nuevo libro –Obra Gruesa, que será editado por el banco de inversiones–, entre otras cosas.

Radic confesó que llegó a la arquitectura porque dibujaba bien. “No tenía ni un vínculo más y no sabía nada. No me interesaba mucho. Y antes de dar la prueba en la UC, me soplaron quién era Le Corbusier”, relató en el ciclo de charlas BTG Talks. Pensaba cambiarse a Derecho en segundo año, pero, dijo, “me dio lata dar la PAA de nuevo”. De la Escuela de Arquitectura destacó a Monserrat Palma, quien fue decana mientras él estudiaba, y a Teodoro Fernández.

Warnken le preguntó por el franco-suizo Le Corbusier, referente del siglo XX. “No me gusta como teórico”, explicó. Y aseguró que era considerado “enemigo” de los arquitectos que marcaron la generación entre el 56 y el 74, porque concebía su oficio como “la institución platónica desvinculada de mucho de los problemas sociales”. Sobre sus referentes, dijo que “la arquitectura es caso a caso. Con que uno le achunte una vez en la vida, está listo”. A su juicio, lo mejor que hay en Chile es la casa de Miguel Eyquem en Colina y las Termas Geométricas de Germán del Sol.

Explicó también por qué prefiere hablar de refugio, en lugar de casa. “Permiten mantener distancia, alejamiento respecto al mundo que lo rodea”. Eso sí, aclaró, “establecer cuál es tu espacio propio, es distinto a andar siempre con sospecha, con miedo”.

Sobre su libro anterior, confesó que cuando buscaba nombre para titularlo, se encontró con el texto de Nicanor Parra, de 1969. “Este es el nombre”, pensó entonces. “Cada vez que alguien hace lo mismo que yo, es un alivio. Pienso “no soy tan tonto”. Con el poeta chileno coincide en su visión de los santiaguinos: “Todos andan siempre con sospecha”, explica.

Al final de la conversación contó cómo logra trabajar las ideas y plasmarlas en sus obras con su mujer, la escultora Marcela Correa. En 2010, ambos fueron invitados a participar en la Bienal de Arquitectura de Venecia. “Justo había pasado el terremoto, pensamos “va a haber pega, nos van a llamar”. Pero nadie nos llamó, nunca hubo una consulta, nada”, contó entre risas. Y sobre su decisión de no tener Watsapp ni página web, explicó: “No es un problema moral, no es un hecho ideológico. Es por el tiempo. Una cosa física”.

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