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El secreto de Degas

Uno de los fundadores del movimiento impresionista, el pintor francés desarrolló tambien la escultura, aunque lo hizo en forma casi anónima. El Museo de Bellas Artes presenta una serie de 73 bronces que dan cuenta de esta desconocida faceta. Por María Jesús Carvallo.



Es conocido como “el pintor de las bailarinas”. Sin embargo, el mundo privado de Edgar Degas es bastante más amplio. Una de sus facetas menos conocidas es la de escultor, faceta en la que destacan figuras de mujeres y algunos animales, de pequeño y mediano formatos, modeladas en cera. El autor presentó en una sola oportunidad una de sus esculturas, pero fue tan duramente criticado que nunca más hizo pública esta pasión. Y no fue hasta después de su muerte que se descubrió su afición por los volúmenes, cuando uno de sus hermanos, su amigo Albert Bartholomé y el marchant Paul Durand encontraron en su taller una larga mesa repleta de pequeñas figuras, que en total sumaban 150. La sorpresa fue total. “Nadie contemplará estos experimentos antes que yo muera. Se desintegrarán por sí solos”, había dicho el artista.

Luego de algunos años de análisis, Bartholomé y Durand seleccionaron las obras en mejor estado y mandaron a hacer copias en bronce a la Fundición Adrien-Aurélien Hébrand. Hoy estos trabajos se han transformado en un valioso complemento a la obra pictórica de Degas. Hasta el 31 de octubre el Museo de Bellas Artes presentará una muestra con una selección de estas esculturas. Titulada Degas escultor. Impresiones de la vida moderna, se compone de 73 bronces de diferentes formatos y esprotagonizada por la Bailarina de 14 años –la única que Degas mostró durante su carrera–, complementada con figuras de caballos de carrera, otras bailarinas y mujeres en situaciones cotidianas.

Bajo la curatoría del brasileño Teixeira Coelho y los chilenos Pablo Chiuminatto y Sandra Accatino, la muestra busca reforzar su carácter formativo. Para ello se organizó un recorrido para escolares y universitarios y se preparó un programa de actividades anexas. A partir de testimonios encontrados en cartas del artista, los curadores dispusieron las obras haciendo énfasis en las secuencias del movimiento que tanto obsesionaban a Degas.

Familia de banqueros

Hilaire-Germain-Edgar De Gas nació en París el 19 de julio de 1834. Proveniente de una acaudalada familia, fue el mayor de cinco hermanos. Su papá, Augustin De Gas, era un connotado empresario, aficionado al arte y la música, y su mamá, Celestin Musson, una devota ama de casa proveniente de una familia francesa de Nueva Orleans. Celestin murió cuando Edgar era muy joven y desde ese minuto su educación estuvo a cargo de su padre. A los 11 años entró al Lycée Louis le Grand y en 1853 se graduó en literatura.

Comenzó a pintar desde muy temprana edad y ya a los 18 años había transformado su dormitorio en un taller de trabajo. Sin embargo, su papá lo impulsó a estudiar leyes para seguir con la tradición familiar. Ingresó a la facultad de Derecho en la Universidad de París, pero nunca se sintió cómodo. En 1855 conoció al pintor francés Dominique Ingres, quien lo impulsó a seguir sus instintos y le dijo: “dibuja líneas y luego sigue haciendo líneas, líneas de la vida y de la memoria, y sólo así te transformarás en un buen artista”. Se inscribió en la Escuela de Bellas Artes, donde estudió dibujo con Louis Lamothe, discípulo de Ingres. Pero su verdadera formación puede encontrarse en sus visitas al museo del Louvre y viajes a Italia, donde estudió las obras de los grandes artistas del Renacimiento, adquiriendo muchos de sus planteamientos pictóricos.

Etapa impresionista

A los 28 años conoció al pintor Edouard Manet, quien le presentó a los artistas que más tarde conformarían el movimiento impresionista. En los 70 y hacia el fin de la guerra franco-prusiana decidió enlistarse en la guardia nacional. En esos años le diagnosticaron problemas con su visión, los que lentamente comenzaron a empeorar hasta casi dejarlo ciego al final de sus días.
Una vez terminada la guerra partió a Nueva Orleans. Allí trabajó en una serie de obras centradas en sus parientes. De vuelta en París descubrió que uno de sus hermanos había hecho un mal negocio, invirtiendo todo el capital de los Degas y dejando a la familia en bancarrota. Para ayudar, Edgar decidió liquidar su casa y una colección de arte que había heredado. Pero como eso no fue suficiente decidió probar suerte vendiendo sus obras y, para su sorpresa, descubrió que podía vivir de ello.

Gracias a su amistad con Manet cambió la orientación de su temática y se centró en aspectos de la realidad. A sus estudios clásicos incorporó la observación de la vida moderna, basando sus obras en temas cotidianos, como el ballet y las carreras de caballos en el hipódromo.

En 1873, junto a Camille Pissarro, Alfred Sisley, Paul Cézanne y Claude Monet, formó la “Sociedad Anónima de artistas, grabadores, pintores, etc.”, generando una instancia alternativa a las de las exposiciones oficiales. En 1874 esta sociedad inauguró su primera exhibición y un crítico los llamó “impresionistas”. Sin embargo, el estilo de Degas se desmarcó del grupo, ya que abordaba los temas con escenas iluminadas artificialmente y no al aire libre, como sus contemporáneos.

El movimiento femenino

Degas se convirtió en un gran observador de las mujeres, en las que centró gran parte de su obra. Intentó representar posturas naturales y espontáneas. Era un fotógrafo amateur y comenzó a retratar a sus modelos para luego traducir fielmente esos movimientos en sus telas. En 1881 se realizó la sexta exposición impresionista y Degas exhibió junto a un pastel su primera escultura. Bailarina de 14 años causó revuelo. Las críticas se centraron en la falta de idealización de la figura de la bailarina, sin detalles en la cara ni el cuerpo. Fue catalogada como “un esperpento digno de un museo de ciencia”.

A medida que pasaron los años Degas se fue aislando. Decía que “un pintor no puede tener vida personal”, lo que lo llevó a no casarse, tener pocos amigos y a recluirse en su taller la mayor parte del tiempo. Dejó de trabajar en 1912, cuando la demolición de su casa en la rue Victor-Massé lo forzó a cambiarse de barrio. Murió sin pena ni gloria a los 83 años, el 27 de septiembre de 1917. “Les aseguro que no existe arte menos espontáneo que el mío. Todo lo que hago es el resultado de la reflexión y del estudio de los grandes maestros. De la inspiración, de la espontaneidad, no sé nada”, dijo.

Degas escultor. Impresiones de la vida moderna estará abierta al público hasta el 31 de octubre en el Ala Sur del Museo Nacional de Bellas Artes. Parque Forestal, sin número, Santiago Centro.

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