Coffe Break

En Chile seguiremos bostezando

Parafraseando a Vargas Llosa, el bostezo da la tónica de los discursos de campaña. Y aunque los lectores y electores tenemos que resignarnos a cierto aburrimiento, el lado bueno es que políticamente, al parecer, no tendremos grandes sobresaltos.Por Eduardo Arriagada.


El día del triunfo de Obama, decenas de diarios norteamericanos agotaron ediciones con tres veces más ejemplares que las que habitualmente editaban los miércoles. Los discursos de Hillary, Obama y McCain habían encendido a los electores. La pasión que alcanzó la última campaña norteamericana tiene sus antípodas en este otro extremo del continente.

No hay nada más recurrente que afirmar que toda la culpa la tienen los medios. Que los problemas de la sociedad chilena son sobre todo el resultado de la influencia que ejerce la televisión. O que muchas de las limitaciones de la sociedad contemporánea: violencia, incultura, sensualidad... son responsabilidad de unos medios que ofrecen “carnaza” del gusto de las masas que los consumen.

Llevando esta lógica a la arena política, se podría pensar que los medios son responsables del tono liviano y falto de contenido con el que se desarrolla la campaña electoral de las próximas presidenciales. Es un hecho que desde la política “mapochina” parecen envidiables campañas como las de Obama-McCain, o las que llevaron al poder a Sarkozy, Berlusconi e incluso al mucho menos vistoso Zapatero.

Sin embargo, creo que los medios en Chile no han hecho más que reflejar lo que la realidad es: que los tres candidatos no son ni entretenidos ni interesantes. Ni siquiera peligrosos. De donde no hay, nada se puede sacar... Esta vez no se puede echar la culpa a los medios, porque qué más quisieran ellos que la contienda no fuera tan aburrida.

No hay más que prender la televisión o leer una entrevista de Frei para darse cuenta de que aquí no se aplica “de tal palo tal astilla”. Es decir, que aparte del apellido, Eduardo (II) poco heredó del líder de la marcha de la Patria Joven. Para suerte del hijo, todavía quedan chilenos que se mantienen fieles a la Democracia Cristiana por el influjo de las palabras que oyeron durante ese movimiento. El eco de esos recuerdos tan bien asentados en sus cabezas les hace pasar por alto lo que todos vemos: que el ex presidente no es capaz de hacer un buen discurso y que no es una persona con recursos para cautivar audiencias.

Con Sebastián Piñera las cámaras reflejan a una personalidad más convincente para el mundo de la gestión que para el de la retórica, ya que es completamente incapaz de mover un pelo de su audiencia. Aparece como un gestor eficiente que no dice nada de la misión ni de la visión de la empresa. Quizá todavía no saca a la palestra las argumentaciones que empujarán a seguirlo en diciembre. Lo de Marco Enríquez- Ominami es diferente, pero no se aleja mucho de la misma tónica lineal de sus contrincantes con lo recurrente: siempre frases hechas, algunas ingeniosas y otras provocativas. Pero el estilo sigue siendo simple. Cecilia Bolocco maneja bien este formato: hablar largo y con coherencia pero sin decir mucho.

¿No les parece que tenemos el trío menos interesante de los que han disputado nuestra primera magistratura? La situación de letargo se agrava porque además ya sabemos mucho de ellos, lo que paradójicamente subraya aun más sus limitaciones. Y del que menos sabíamos, conocerlo más no parece llevarnos al interés.

No es primera vez que tenemos candidatos así (de hecho, dos de ellos se repiten el plato). Lo novedoso es que el grupo sea tan homogéneo en su somnoliento discurrir. En otras campañas al menos tuvimos en la papeleta electoral a un José Piñera, a un Manfred Max Neef, al mismo Ricardo Lagos... incluso Michelle Bachelet suscitaba interés.

¿Dónde están las propuestas, la visión, el pensamiento de los que representan a la Concertación, a la Alianza y al “movimiento descontento independiente”? Cuando uno escucha al trío actual no hace más que compadecer a los periodistas ante la difícil tarea de hacer que los lectores lean sus crónicas. Pese a su total falta de elocuencia, los candidatos no tienen reparos en tomarse fácil una hora para decir nimiedades.

Lo anterior no exculpa completamente a nuestros medios porque, de alguna forma, también son parte del extraño fenómeno que ha terminado por cortar cabezas de personajes que prometían ser más dotados. Es llamativo ver cómo el sistema político chileno no deja surgir como candidatos a líderes que sí podrían argumentar y promover contenidos. ¿Qué pasará que no funcionan los Allamand, los Longueira, los Valdés?

Algo de lo que alienta o corta las carreras a los políticos seguramente es resultado de la forma de hacer el periodismo político. En Chile los medios prefieren transcribir las declaraciones y publicarlas textualmente, entre comillas. Muchos editores temen que la ideología de sus reporteros contamine sus artículos y que éstos no reproduzcan correctamente lo expresado. Cuando ni siquiera un periodista de prensa escrita puede reescribir o resumir lo dicho, es muy difícil que un medio pueda aprovechar un discurso, lo que termina desincentivando su uso como herramienta electoral.

Entre la carencia de recursos de nuestros candidatos y la timidez de nuestra prensa, lectores y electores llegaremos aburridos a diciembre. La nota positiva estará en que nuevamente no tendremos sobresaltos. Al menos, este sistema es inmune a las sorpresas que caracterizan las campañas de nuestros países vecinos, lo que no es poco.

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