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Gabriela Mistral y sus cuentas con Chile

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¿Qué factores objetivos determinaron que la relación entre Chile y Gabriela Mistral y su entorno se hiciera con el tiempo tan áspera y complicada? Ahora, luego de la muerte de Doris Dana, secretaria durante años y albacea testamentaria de la poetisa, esa pregunta se plantea con cierta urgencia. Lo que está en juego es que los manuscritos y papeles de la Premio Nobel puedan llegar en algún momento a Chile, toda vez que alguna entidad privada o pública a juicio de la albacea o de quien la suceda, logre calificar ofreciendo garantías de que ese patrimonio quedará a buen resguardo.

Es cierto que el gobierno militar cometió un despropósito al dictar el DL 2.560 que autorizó la libre reproducción de la obra de Gabriela Mistral sin la venia de su albacea y vulnerando los derechos de autor. Fue una torpe venganza a las puntillosas exigencias que ella imponía para la reedición de los libros y que bloqueaban el acceso a su obra. La decisión burló los derechos de propiedad que a la albacea le correspondían. Durante el gobierno de Lagos, en especial por intermedio del asesor cultural del presidente, Agustín Squella, se dieron pasos sustantivos para corregir ese incordio. De hecho, el señalado decreto fue derogado y Doris Dana recibió incluso una invitación oficial para visitar Chile, que ella prefirió declinar.

Pero estos antecedentes, por mucho que el señalado decreto haya sido la gota que rebalsó el vaso, no explican todo el problema. El desencuentro tal vez es muy anterior y está teñido de la creciente recriminación y desconfianza con que Gabriela Mistral terminó mirando a su país natal. No es por casualidad que ella se haya ido de Chile muy temprano, que haya interpretado como una humillación recibir el Premio Nacional de Literatura mucho después de haber conseguido el Nobel o que haya ido cortando vínculos y amarras gradualmente con Chile. Al margen de que no seamos un país modelo en materia de resguardo de la memoria patrimonial de quienes se han distinguido en el campo de las artes, es todo un tema este el de la relación de la sociedad chilena con sus artistas. La acusación más recurrente es que somos un país ingrato, ninguneador y arrogante. Los artistas siempre se sienten al debe. Sin embargo, si hay una figura que no debiera compartir esos rencores, porque recibió reiterados reconocimientos por parte del gobierno de Chile (fue cónsul en distintas latitudes), esa puede haber sido precisamente Gabriela Mistral.

 

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