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La pasada elección presidencial en Chile fue una de las más disputadas de la historia reciente y, como siempre sucede, dejó muchas tesis dando vueltas para explicarla. Lo que está claro es que pocas veces presenciamos una contienda tan dramática, vivimos días históricos, y para comprenderlos, aquí proponemos una lista antojadiza de libros, series y películas que reflejan las épocas en que el signo de los tiempos gira en una nueva dirección.

 

Cine: Invictus (2009)

¿A quién se le ocurriría narrar la última gran saga política del siglo XX –el fin del apartheid en Sudáfrica y el ascenso al poder de Nelson Mandela– renunciando a todo tipo de falsas emociones y recursos lacrimógenos? A nadie más que a Clint Eastwood, con el insuperable Morgan Freeman en el rol principal. Esta es una cinta sobre cambios y transiciones, contada lejos de las lecturas mistificadoras. De esa manera devuelve la gesta al nivel de una persona, Mandela, quien en un momento comprendió la influencia que un evento deportivo, la Copa Mundial de Rugby de 1995, podía tener en el proceso de reconciliación de su pueblo. Aquí hay muchas lecciones que aprender, en especial sobre cómo superar las divisiones del pasado.



Memorias: The Reagan diaries, de Ronald Reagan

El presidente norteamericano que encabezó los últimos años de la Guerra Fría (1981-1989) llevó un diario de vida durante sus dos gobiernos en la Casa Blanca. Publicado por Harper Perennial el 2007, el libro de más de setecientas páginas –escrito mediante breves notas diarias– representa una fuente valiosa para conocer la política de los Estados Unidos y del mundo en la decisiva década de 1980, desde el punto de vista de quien podría ser considerado el mejor presidente del período 1968-2008, cuyo mandato representó un histórico giro hacia el liberalismo.





Película de TV: Into the storm

Una de las cintas que mejor ha retratado esa cualidad que comparten los grandes políticos: la tenacidad, la resistencia, el saber ganar y también perder. En esta producción de HBO de 2009 vemos a Winston Churchill (Brendan Gleeson) conociendo los sinsabores del poder y las fluctuaciones de la opinión pública: en 1945, después de acabada la guerra, los que antes lo consideraban un héroe parecen darle la espalda. Atrás quedaban los días es que se adelantó a su tiempo y fue uno de los primeros críticos al ascenso de Hitler en Alemania. Con el tiempo, su teoría sobre el peligro que representaba el nazismo sería refrendada con creces por la realidad, convirtiéndose en un gran líder para su pueblo. Pero luego de ganar el conflicto bélico, los electores ya no necesitan comandantes, sino otro tipo de dirigentes. La lección es clara: los políticos de verdad deben aprender a leer los cambios en las audiencias.







Novela: Sale el espectro, de Philip Roth

En este relato dotado de un sombrío pesimismo, Nathan Zuckerman es un escritor consagrado que a los 71 años regresa a Nueva York. La gran ciudad está convulsionada por las elecciones presidenciales entre George W. Bush y John Kerry. El protagonista –que representa de cierta forma a la vieja generación que se niega a aceptar que el país ha cambiadoobserva con horror los nuevos modales y estilos de vida, el consumismo rampante, la televisión conquistando todos los espacios. “¡De vuelta al drama, de vuelta al torbellino de los acontecimientos!”, exclama, mientras la victoria de Bush lo hace pasar del desconcierto a la negación. Algo que, salvando las distancias, puede compararse a la desazón que muchos dirigentes sintieron al comprobar el 17 de enero que los resultados no eran los esperados.






Serie de TV: Mad men

Esta premiada producción –creada por Matthew Weiner y protagonizada por Jon Hamm y Elisabeth Moss– no sólo transcurre en una época, principios de los 60, de gran impulso en el comercio (con la consolidación de la industria publicitaria), sino también de fuertes cambios sociales y políticos. Basta ver el final de la primera temporada, con Don Drapper mirando en la pantalla a Bob Dylan cantar The times they are a-changin’ o el capítulo en que la agencia Sterling Cooper –donde el protagonista trabaja como director creativo– asume la campaña de Nixon frente a un joven JF Kennedy. Nuevas corrientes llegan al poder, y quienes se resistan quedarán a la deriva.



Videojuego: Commander in chief (2009)

Diseñado exclusivamente para jugarse en PC, es un excelente simulacro de lo que significa estar a cargo de un país. El juego es tan real que parte con el jugador eligiendo su gabinete y a partir de eso se entrega a una serie de complicadas decisiones (presupuesto, alianzas, cantidad de reuniones, movimientos políticos para controlar el congreso, lidiar con la prensa, etc.) Sin una gráfica muy atractiva igual logra entretener a todos aquellos que han deseado ser presidente alguna vez, pero ni sospechan lo complejo que puede llegar a ser ese trabajo.






Las derechas al poder

Los riesgos de un modelo de gobierno de tipo gerencial y el probable arribo de una mentalidad excesivamente ganadora. Por Juan Igancio Correa




La revolución gerencial, de James Burnham

James Burnham, teórico estadounidense, en 1941 escribió el ensayo La revolución gerencial, sosteniendo que el comunismo y el fascismo eran partes del nuevo orden que reemplazaría el estado de las cosas. Esta transformación –creía Burnham– provocaría el advenimiento al poder de una nueva clase social: la de los directivos profesionales asalariados. En la actual llegada al poder de las Derechas existe un riesgo consistente en que se pretenda instaurar la utopía de Burnham, desvalorando como un ripio prescindible las inherentes cuestiones políticas de la acción pública por estimarlas un estorbo a la eficiencia gerencial deseada.




Rojo y negro, de Stendhal


Otra tendencia que se observa es ese segmento de individuos que desde hace algún tiempo viene arribando y que Stendhal tan bien caracterizó en Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro, novela publicada en 1830. Julien, hijo de un carpintero, no dejó esfuerzo ni pleitesía por hacer, incluso rayando en el esnobismo y en la degradación de su persona, si con esa impostura servil lograba ascender. En fin, el tipo Sorel en la actualidad responde al prototipo del winner: tierno en el hogar, inmoral en los negocios, oportunista en la política y que baila siempre al son reinante. Con todo, me ilusiona pensar que por mucho que simulen los Julien Sorel, al anochecer, frente al espejo del lavatorio, donde ya no caben más representaciones, advertirán cuán insignificantes son. Aspiro a que ese gesto nocturno de honestidad sirva de contención a esos individuos que pudieran sentirse con derechos que nadie les ha conferido.



Mundos paralelos

Cuando una historieta toca temas políticos, todo es posible. Por Federico Willoughby


Algunos afirman que los cómics –como una forma de arte- pueden a veces anticiparse o superar la realidad; otros entienden que no son más que historias para entretenerse un rato. Lo cierto es que el año 2000 la norteamericana DC Comics hizo una línea argumental sobre Lex Luthor, el archienemigo de Superman.

Y claro, no fueron pocos, sobre todo en Internet (como el escritor Francisco Ortega en su blog) que empezaron en estos días a especular sobre las coincidencias que tenía esa trama con la elección de Piñera. Es probable que usted se pregunte cómo alguien en su sano juicio puede comparar una historia de superhéroes con la última campaña electoral, pero el ejercicio es entretenido y funciona nada más que como una humorada.

En la historieta, Lex es un millonario que, bajo la fachada de filántropo, tiene una serie de negocios oscuros tendientes a lograr su verdadero anhelo: terminar con Superman. Para lograr ser electo Lex, además de gastar una enorme cantidad de recursos en su campaña publicitaria, produce de manera solapada un terrible terremoto en Ciudad Gótica para después él mismo reconstruirla en cosa de semanas y así aparecer como el único hombre capaz de gobernar.

Lo más dramático del asunto es que Superman juró en su momento como ciudadano norteamericano y, bajo ese precepto, entiende que el presidente de Estados Unidos es su jefe. La película animada Batman- Superman: Enemigos Publicos también se hace cargo de la elección de Lex. En ella, el nuevo presidente empieza a ocupar sus poderes para incriminar al Hombre de Acero y a Batman en crímenes que no cometieron. Como resultado, ambos se unen contra Lex y básicamente contra todo el gobierno. Una excelente película de animación. Por supuesto, cualquier alcance con la realidad es totalmente imaginario.


Campañas de alto voltaje
La política es un combate fiero, sólo apto para los más duros. Algo que el cine ha reflejado con más o menos maestría. Por Christian Ramírez

El candidato (The candidate, 1972)

Un joven abogado de comunidades en riesgo es convencido por operadores del partido demócrata para disputarle el sillón senatorial a un viejo león republicano. Su candidatura es puramente testimonial hasta que comienza a darse cuenta que de verdad tiene una oportunidad. Claro que para eso tiene que endurecerse de tal modo que apenas puede reconocerse en sí mismo. Notable, en parte porque Robert Redford está brillante como un virtual Obama antes de Obama.





Tanner ’88 (1988)

La palabra final sobre cómo se construye y se destruye un candidato en el complejo mundo de la política gringa, narrado de la mano de dos especialistas, el cineasta Robert Altman y el caricaturista Garry Trudeau. Juntos inventaron al candidato presidencial Jack Tanner, y lo sacaron a competir con tipos curtidos como Gary Hart, Jesse Jackson y Bob Dole en una carrera ganada finalmente por George Bush padre. Todos aparecen con nombre y apellido, al extremo de que la ficción y la realidad se vuelven la misma cosa.




LBJ (1991)


La perspectiva de una biografía a fondo de Lyndon Johnson no parece muy entretenida, y sin embargo el gigantesco fresco concebido por el documentalista David Grubin consigue lo imposible: encapsular toda una época en los confines de su fascinante personaje. Johnson emerge de ahí libre de su impenetrable disfraz texano y rodeado de un aura trágica que empequeñece a su eterno rival, JFK.






The deal (2003)

La historia de cómo Tony Blair se encaramó por las espaldas de Gordon Brown y le arrebató el liderazgo del laborismo, justo en la víspera de su reinvención como fuerza política, es la prueba evidente de que se puede hacer cine político con toda la ferocidad y belleza que exige el tema. Tan bien salió el experimento que Stephen Frears (director), Peter Morgan (guionista) y Michael Sheen (protagonista) retomarían el ascenso de Blair en 2006, con La Reina.



By the people : The election of Barack Obama (2009)

Para todos los que quieran revivir el extenso e historiado trayecto del actual presidente estadounidense hasta la Casa Blanca, este documental producido por el actor Edward Norton y recién lanzado en DVD por HBO resulta insustituible. No es ni de lejos una obra maestra, pero Obama dejó a las cámaras acercarse como muy pocos candidatos lo harían en estos días de absoluto control sobre la autoimagen.

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Simón Cofré Iturra :

URL http://www.facebook.com/home.php?#!/profile.php?ref=profile&id=1082589924 Publicado Lunes 8 de Febrero, 2010 - 18:12 hrs

Los grandes vientos de cambio, jajaj; los grandes tiempos historicos. Me da risa su gusto de autocomplacerse: algo histórico, jajja. Tiempo historico suena a algo importante, y eso es lo que les gustaria que fuera (¿o fingen o en verdad creen? Si en verdad creen, que tierna inocencia, me conmueve profundamente). De cualquier modo, dice de su felicidad. El detalle es que verdaderamente no es histórico, porque no tiene nada objetivamente importante, un cambio tan sólo de personas que van a seguir el mismo modelo, el mismo sistema de mediocridad y autocomplacencia; la misma tasa de cesantia, de ignorancia y delincuencia. Porque la mala educación es negocio (mano de obra barata), la delincuencia es negocio (cárceles privadas que mientras más personas presas más linda platita) junto con su miedo e inseguridad (más platita para las empresas de seguridad, ¡en todas las casas de nuestro pais! o ¿el millon de empleos se supliran en Carabineros?) Pero al menos, ¿qué podría ser histórico? Fíjense en su charlatanería, su discurso lleno de palabras grandilocuentes; ¡¡fijense en su sonrisa, por favor!! jajaja. Seguramente odian, ustedes, a Chavez y no ven lo que tienen en común, que hablan y hablan y hablan; hablan mucho, sí. Pero, bueno, sean felices, eso en verdad es lo principal, pero por favor no sean tan patéticamente inocentes, ya son bien grandecitos. Les deseo suerte en la debacle.

 
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