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François Sarano y la cinta Océanos: “El espectador tenía que sentirse como un pez”

Artículo correspondiente al número 290 (3 al 16 de diciembre de 2010)

 

El francés, una de las eminencias de la oceanografía mundial, habla de su papel como guionista, asesor científico y supervisor de las filmaciones submarinas en el elogiado documental Océanos. Además, recuerda su largo trabajo junto a Jacques Cousteau. Por Joel Poblete

 



Al oceanógrafo francés François Sarano no le es difícil recordar el momento en que comenzó a amar al mar y sus especies: “cuando era niño, mi padre me enseñó a nadar y a mirar bajo el agua con una máscara, buscando pulpos en el Mediterráneo; tenía 3 o 4 años, y el primer pulpo que vi de cerca despertó en mí la pasión por los océanos, aunque debo decir que estoy interesado en la vida y la naturaleza en general –desde las hormigas a las mariposas–, y las conexiones entre ésta y los seres humanos”.

Hablamos con Sarano pocos días antes de que viajara a a Chile invitado por la Universidad de Concepción, en el marco del Simposio Internacional sobre Biodiversidad y Sustentabilidad de los Recursos Marinos, organizado por dicha casa de estudios junto a la Fundación Alfred P. Sloa. Sarano, fundador de la asociación de protección del ambiente marino Longitude 181 Nature, jugó un rol clave en Océanos, dirigido por Jacques Perrin y Jacques Cluzaud.

Considerada el documental más caro de la historia, con un presupuesto de 50 millones de dólares, la cinta parte como la explicación a un niño de qué es el océano, desarrollando un recorrido por la superficie y las profundidades de distintos mares del planeta. El extenso y complicado rodaje motivó a la vez una serie de innovaciones tecnológicas: por ejemplo, se construyó una caja hidrodinámica, en cuyo interior se introdujo una cámara digital sumergible; llevada a toda velocidad por un barco, se usó para captar a los atunes y a los delfines.

En el documental, Sarano cumplió tres importantes funciones: fue uno de los autores del guión, además de ser uno de los principales asesores científicos y supervisar las filmaciones submarinas. “Cluzaud fue a una charla mía que lo dejó muy entusiasmado, tuvo una conversación con Perrin, me llamaron para pedir algunas informaciones y, desde entonces, me integré al proyecto y estuve hasta el final. Fueron siete años, desde que empezamos a escribir el guión hasta el estreno”.

-Debe haber sido un gran desafío concentrar tanta información en tan poco metraje.

-Al principio, la idea era filmar una película con actores, sobre un hombre que defendía a las ballenas y la vida marina, pero era demasiado larga. Decidimos hacerlo como documental. ¿Cómo hablar sobre el océano en dos horas? Si quieres hablar y decirlo todo, necesitas 100 horas y no tendrías éxito en emocionar a la gente, por lo que decidimos que en vez de ir mostrando didácticamente las especies o contando su historia natural con demasiados detalles científicos, había que lograr que la gente se sumergiera y sintiera el océano. El espectador tenía que sentirse como un pez entre los peces.

-Océanos muestra también la amenaza de los cambios climáticos y la contaminación, la extinción de criaturas marinas y las matanzas indiscriminadas.


-Mucha gente, después de verla, vino emocionada a decirme quiero ayudar, ahora entiendo cómo la contaminación afecta a las especies. Eso hace que esta película quizás sea más influyente que una charla científica. Especialmente, en las secuencias que muestran los consecuencias de la contaminación.

-¿Cuál es el peor de los daños que los océanos están sufriendo?


-La polución es la peor de las amenazas. Distintas sustancias y elementos químicos están matando a las especies, y aún no sabemos del todo qué hacer. En algunos aspectos hemos avanzado: 40 o 50 años atrás no había leyes que protegieran oficialmente a las ballenas; hoy eso ha cambiado, se puede incluso nadar junto a ellas, están volviendo a todos lados, incluyendo los sitios donde antes eran perseguidas y exterminadas.

Además de su labor en la película, Sarano es el autor, junto a Stéphane Durand, del libro Oceans, surgido al alero de la cinta y que se ha convertido en un gran éxito de ventas en Europa; se puede adquirir la edición en inglés a través de Amazon. El científico explica que funciona como complemento para el filme: “en el libro pueden encontrar información científica, mientras en la película encuentran emociones”.

Navegando con Cousteau


En la formación de François Sarano como oceanógrafo es clave su trabajo junto a la mayor celebridad en la historia de la exploración submarina: Jacques Cousteau, quien en 1956, junto a un veinteañero Louis Malle, dirigió otro documental sobre el mundo submarino que se convirtió en una referencia: El mundo del silencio, ganador del Oscar y de la Palma de Oro, en Cannes. Por lo mismo, es inevitable preguntarle a Sarano por el explorador galo, con quien comenzó a colaborar en 1983. Así se iniciaron 13 años de cooperación mutua incluyendo inolvidables expediciones en el célebre Calypso.

“Pudimos ir a lugares donde nadie había ido antes; a propósito de Chile, recuerdo cuando fuimos al Cabo de Hornos. Toda mi vida había soñado con viajar alrededor del mundo, y llegar a este lugar a bucear… fue fantástico explorar sus aguas y conocer todas sus extrañas criaturas”.

-¿Cómo fue compartir tanto tiempo con una leyenda como Cousteau?


-Su legado es inconmensurable, él fue quien primero se sumergió para mostrarnos la vida submarina, nos dio la idea de explorar los mares y ver qué había en sus profundidades, nos influyó no sólo a quienes nos dedicamos a esto, sino a todos, y fue un pionero en pensar qué vamos a hacer con este mundo. Era un gran hombre, sencillo, tenía una filosofía sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza y la mantuvo y desarrolló por 50 años… Por ser un grupo de gente que pasaba incluso tres meses en una embarcación, todo era muy simple durante los viajes, nada demasiado sofisticado; cuando no estábamos buceando, jugábamos ajedrez. Pero Cousteau era definitivamente importante, un hombre único, que podía estar en un momento saludando a un jefe de Estado y poco rato después discutiendo problemas logísticos en una embarcación. Una vez estábamos en Cuba, tuvimos una reunión con Fidel Castro, y horas después Cousteau se estaba reuniendo con el presidente de Estados Unidos. Lograba establecer puentes y lazos incluso entre opiniones e ideologías diversas.

-Luego de surcar los mares de todo el planeta, ¿tiene alguno preferido?


-Uff, me gustan todos, son tantos... Por ejemplo, me fascina el sur de Chile, la zona de Magallanes y el Cabo de Hornos es rica y maravillosa, pero también el Mediterráneo, las aguas de Costa Rica... Son muchos lugares. El mar es hermoso y fuerte. -¿Cómo evalúa la investigación sobre la vida marina desarrollada por expertos chilenos? -Se han hecho valiosos avances: el científico chileno Víctor Gallardo descubrió increíbles bacterias marinas, que pueden ayudar a entender mejor el origen de la vida. Es un país ligado al mar, ¡son tantos kilómetros de costa! Las aguas chilenas son muy ricas en especies, y es fundamental que los investigadores chilenos contribuyan aún más a nivel internacional. Hay mucho por investigar.

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