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Fascinados por Akira

Artículo correspondiente al número 262 (2 al 15 de octubre de 2009)

 

Ser artista visual y director de cine no es la misma cosa. Kurosawa –de quien en a2010 se celebra su centenario- sentía que habitaba en ambos mundos. Una lujosa colección rescata su legado. Por Christián Rármirez.


Desde que supe que la Criterion Collection se iba a aplicar a fondo en la celebración del centenario de Akira Kurosawa en 2010, lo primero que se me vino a la mente no fue el inmenso empaque que alojaría a la colección aniversario (ver recuadro), sino esas increíbles pinturas y dibujos que Kurosawa realizó febrilmente en el momento más amargo de su vida, a mediados de los años 70, después de su fallido intento de suicidio. Avergonzados al extremo, sus hijos lo habían “expulsado” de su casa y el viejo director acabó recluyéndose por meses en su taller de trabajo, produciendo centenares de imágenes de lo que más tarde llamó Ran (Caos): la historia de un señor feudal que -al mejor estilo del Rey Lear- era impotente testigo de la traición de su familia, del incendio de su castillo, de la aniquilación de su poder.

Faltaban años para que esas visiones pudieran convertirse en el apabullante y adelantado) testamento fílmico del director y éste siempre insistió en que fueron dibujos hechos para pasar el tiempo y mantenerse ocupado en un momento en que no podía “trabajar de verdad”; pero lo cierto es que en forma imperceptible Kurosawa los había utilizado para unir dos facetas de su personalidad que no siempre fueron juntas: el artista visual y el director de cine.

En cierto modo, occidente había abrazado la primera y desde los años 50 lo había tenido por un maestro (ahí radica el origen de las bombásticas celebraciones que hoy se preparan). En Japón, en cambio, Kurosawa-san siempre fue visto como un competente director de filmes de acción y suspenso, pero en ningún caso alguien de la misma categoría que Yasujiro Ozu o Kenji Mizoguchi. Para ellos, el tipo estaba fascinado por el oeste. No era lo bastante nipón. Y, quién sabe, puede que estos torpes prejuiciosos hayan tenido algo de razón, porque si pensamos en la huella que el director ha dejado en el cine europeo y estadounidense del último medio siglo, la deuda con él resulta similar a la que tenemos con Renoir, Godard o Rosellini. Impagable.

Empezamos primero por piratearle sus tramas: Yojimbo (1961) se convirtió en Por un puñado de dólares; La fortaleza escondida (1958) en Star Wars; Rashomon (1950) en La commare secca y The Outrage; Los siete samurai (1954) en Los siete magníficos y otros siete remakes, legales e ilegales… Luego rastreamos su sentido de la grandiosidad (mucha de la energía desplegada por el Coppola de Apocalipsis ahora, el Spielberg del Soldado Ryan, o el Scorsese de Casino proviene de esa fecunda fuente); pero no fue sino hasta hace poco que la creme de los realizadores gringos (los hermanos Coen, Soderbergh, P.T. Anderson) comenzó a adueñarse con propiedad de la milimétrica puesta en escena y terrorífica frialdad a la hora de diseccionar la conducta del ser humano que uno observa en obras maestras como Cielo e infierno (1963) y Los malvados duermen bien (1960).

A algunos les resultará extraño que sea este Kurosawa “moderno” y vestido de civil -y no el señor que filmaba armaduras y ejércitos- el que haya comenzado a aprisionar sin remedio nuestra imaginación, pero nada que hacer: así de viva está su obra entre nosotros.

 

 

 

El baul del director

El precio sugerido parece más digno de un mueble que de un DVD (399 dólares), pero para los admiradores de Kurosawa esto, francamente, se debe parecer al Grial. AK100: 25 films by Akira Kurosawa es una de las colecciones de películas más bellas jamás editadas (obvio, si es de la Criterion Collection) y, con su hermoso y muy japonés diseño, seguramente se verá estupenda al lado de la respectiva pantalla plana de rigor. Pero consejos de decoración aparte, se trata de un testimonio patente de la intensa pasión que, por más de medio siglo, occidente ha profesado hacia su artista oriental favorito.

¿Qué trae? Casi todo: las dos partes de La leyenda del yudo (1943 y 44), La más bella (44), Los que caminan sobre la cola del tigre (45), No añoro mi juventud (46), Un maravilloso domingo (47), El ángel ebrio (48), Perro callejero (49), Escándalo (50), Rashomon (51), El idiota (51), Vivir (52), Los siete samurai (54), Crónica de un ser vivo (55), Trono de sangre (57), Los bajos fondos (57), La fortaleza escondida (58), Los malvados duermen bien (61), Yoyimbo (61), Sanjuro (62), Cielo e infierno (63), Barbarroja (65), Dodes’ka-den (70), Kagemusha (80) y Madadayo (93).
Lo que falta (Un duelo silencioso, Derzu-Uzala, Ran, Sueños y Rapsodia en agosto), no pudo ser licenciado para su inclusión en el cofre pero, ¿y qué más da? Con lo que ya viene incluido, el afortunado poseedor tendrá material de sobra para divertirse y reflexionar en los años (y las décadas) que vengan.

 

 

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