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Artículo correspondiente al número 256 (10 al 23 de julio de 2009)
Vivimos una era dorada del formato audiovisual –una en la que en que, se supone, nuestra manera de mirar se transformará radicalmente–, pero, ¿son tan notorios y efectivos estos cambios? ¿Hacia dónde vamos? Por Christián Ramírez.
Si uno les hace caso a los futurólogos de la imagen, se supone que estamos ad portas de cambios cruciales, de una revolución audiovisual; pero, ¿de verdad la gente acabará viendo cine en sus teléfonos, decidiendo en forma interactiva la trama de las películas o incluso convirtiéndose en su protagonista? Es bonito preguntarse cómo digerirán las audiencias del 2109 el material producido cien o doscientos años antes, pero en lo que respecta al aquí y ahora, la avalancha de gadgets, aparatos e innovaciones no deja ver el paisaje.
En un ambiente donde el software está cambiando cada seis meses es fácil entusiasmarse especulando, pero esa misma velocidad impide que los propios consumidores se suban al carro de la renovación: muchos ya se cambiaron a las bondades de la pantalla plana, del MP4 y los torrent, pero a costa de dejar pendientes el blu-ray, la proyección en 4K y el full HD. No hay manera de estar al día.
Lo curioso es que a las películas les pasa justo lo contrario. Nuestra manera de contar las historias, de utilizar los efectos especiales y de incorporar al público no ha cambiado mucho en los últimos 80 años. Hace poco, Paul Schrader (el director de American gigolo y Mishima) comentaba que era demasiado luego para ir por ahí entusiasmándose con fabricar un canon fílmico y listas de mejores películas, ya que por más cambios estéticos y técnicos que haya experimentado el audiovisual, éste todavía sigue siendo un arte en plena infancia. Sería como estar parado en la orilla de la playa imaginando que hay un continente allá, al otro lado.
La sensación abruma, especialmente al tomar en cuenta las novedades del momento y ver cuán perdurables o pasajeras pueden llegar a ser. Revisemos algunas de las tendencias que están cambiando –¿o no?– nuestra manera de ver películas:
1. ¿Alcanzaron a ver algo en blu-ray? La novedad del año pasado ni siquiera ha bajado a precios populares y ya lo están descartando como si fuera el nuevo betamax. Por el momento, es la mejor alternativa para ver películas –nuevas y antiguas–, pero el pobre BR tiene un defecto fundamental: viene almacenado en un disco, ahora que por todos lados aparecen discos duros externos que funcionan como consolas que se conectan a la TV. Da lo mismo si un blu-ray almacena 50 gigas, estos nuevos aparatitos pueden contener hasta un terabyte de películas.
2. ¡Descargas ya! Es el lado más problemático de esta revolución, porque si los discos ya no son necesarios, el paso lógico es descargar el material (fácil) y convencer al usuario de pagar por ello (muy difícil). Sea como sea, las descargas son el futuro inmediato y así lo han entendido sitios extranjeros (theauteurs.com) y algunos pioneros nacionales (cinepata.com).
3. Pantallas y pantallitas. Hasta hace un par de años la tendencia era ir a los extremos: Spielberg juraba que el futuro estaba en los celulares y los grandes estudios jugaban al gigantismo ampliando sus películas al formato Imax. Pero este último es demasiado caro y la gente usa sus teléfonos para jugar o meterse a Internet. Así las cosas, el formato ideal sigue siendo el de las salas comunes y corrientes.
4. Hagalo usted mismo. Mmm, mejor no. Es cierto que la perfección alcanzada por las cámaras y los sistemas de audio caseros ha abierto la puerta para que hasta tu vecino pueda hacer películas con mas que aceptable calidad, pero de momento el mayor uso de estas herramientas se ha aplicado a sitios de alto nivel de inmediatez, como youtube y los videoblogs.
5. Red ONE rules. Donde sí las cámaras digitales han comenzado a marcar la diferencia es en la filmación profesional: los resultados de la Red ONE –una cámara digital de alto rendimiento que usa la óptica de los equipos tradicionales– son extraordinarios, lo mismo que las modernísimas aventuras de Michael Mann con cámaras HD (pese a que lo han fustigado por filmar así Enemigos públicos, un filme ambientado en los años 30)
6. ¿Y la proyección digital? George Lucas podrá ser un cineasta inepto pero el tipo tenía razón hace una década, cuando predicaba en el desierto las bondades de la exhibición digital de películas: cualquiera que haya tenido la suerte de ver imágenes proyectadas en 4 o en 8K lamentará tener que volver a ver películas en el frágil celuloide. Los nostálgicos dirán que se pierde “lo romántico” de la experiencia, pero ahora que hasta la película fotográfica está out, ¿por qué no deshacerse de los costosos carretes de 35 mm de una vez por todas?
7. Lo vi en 3D. Si bien los estudios de Hollywood se están aplicando al máximo para promocionar este regreso del 3D –una de las grandes cartas de la industria para sacar a la gente de las casas y hacerlas volver al cine–, el formato requerirá ciertos ajustes antes de volverse la norma oficial para las megaproducciones. De partida, por su lenta y costosa realización (un rodaje supera fácil el año y medio) y también por sus delicadas condiciones de proyección: ¿se han dado cuenta que al ponerse los lentes, la visión de la pantalla se oscurece? Por lo mismo, una sala 3D debe funcionar con cerca de un 30% más de luz. El problema es que muchos exhibidores no aumentan la luz de la lámpara y el “súper efecto” se anula. Son los problemas de vivir “en el futuro”, señores.