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Artículo correspondiente al número 234 (8 al 21 de agosto de 2008)
No es fácil encontrar películas de guerra que eviten los lugares comunes. Aquí van tres de las mejores:
BATTLEGROUND (1949)
Las memorias de la guerra tenían apenas cinco años cuando la Warner quiso revivir la cruenta y helada batalla del Bulge. De paso
registró algunas de las escenas nevadas más bellas y brutales de la historia.
MERRILL’S MARAUDERS (1962)
Nadie mejor que el director Samuel Fuller para indicar que la guerra –en este caso, la de Corea– siempre es un esfuerzo colaborativo,
que los héroes sólo salen en las películas.
LES CARABINIERS (1963)
Tildada de teatral e impostada en los 60, la versión de la guerra según Godard es lo que más se acerca al horror y estupor de las imágenes captadas en Afganistán, Irak y Guantánamo.