El empresario dice que el dinero por el dinero no basta. Que la pasión es lo que importa. Por eso se trajo un edificio entero desde Antofagasta hasta Colchagua, donde abrirá un nuevo museo. Por eso no le faltan proyectos. En esta entrevista, con su estilo frontal, deslenguado, habla de todo, de política y de los golpes que ha recibido, que no han sido pocos.

  • 8 mayo, 2012

El empresario dice que el dinero por el dinero no basta. Que la pasión es lo que importa. Por eso se trajo un edificio entero desde Antofagasta hasta Colchagua, donde abrirá un nuevo museo. Por eso no le faltan proyectos. En esta entrevista, con su estilo frontal, deslenguado, habla de todo, de política y de los golpes que ha recibido, que no han sido pocos. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortíz.

 

 

 

 

 

Aunque tiene un iPhone, Carlos Cardoen no usa correo electrónico. Tampoco Facebook ni nada parecido. “La única riqueza a la que un hombre puede aspirar es a ser dueño de su tiempo. En la medida en que ingresas a esas redes pasas a ser responsable de responder a quien se comunica contigo, de revisar lo que está pasando o lo que están comentando otros: es una forma nueva de esclavitud. Te roba este único activo, que es tu tiempo”.


“Pero no costaría nada configurar un correo en tu teléfono y así podrías estar conectado con todos tus negocios”, comento.

“No, ¿estás loco? ¿Para qué cresta quiero estar al tanto de todo? Es un medio horrorosamente invasivo de tu privacidad. Mi secretaria por supuesto que tiene correo, pero yo no. Por lo demás, es difícil enseñarle a un perro viejo trucos nuevos. Disfruto mucho de mi libertad. Ahora mismo, cuando termine de hablar contigo, me subo al helicóptero y me voy a Santa Cruz a ver todas las cosas en las que estoy metido, a seguir creando, medio aislado, en el campo. Soy un ermitaño moderno”.

Cardoen acaba de cumplir 70 años y los celebró en grande, en Colchagua. La edad y algunos golpes recientes –como una larga batalla contra el cáncer, que hasta ahora va ganando– le han dado a su rostro un aire duro, pero sereno. “Más sabe el diablo por viejo…”, como diría el empresario, que suele sazonar la conversación con modismos campechanos y salidas de madre.

La fiesta fue el 1 de mayo, en la construcción que dará vida a su más reciente y preciado proyecto: un Museo del Auto en Santa Cruz. El edificio fue construido en 1900 y fue la maestranza de ferrocarriles de Mejillones, que Cardoen hizo desarmar y traer parte por partes hasta Colchagua. Es una inversión millonaria, pero el empresario, prefiere no dar cifras: “gastamos lo que es necesario gastar para llevarlo al mayor nivel de excelencia que me permiten mis limitaciones… Siempre son muchos millones de dólares, pero no quiero saber cuánto… no es medible en plata”.

Piñera y la Concertación


-Entre los invitados al cumpleaños estaba Laurence Golborne, a quien presentaste como el próximo presidente de Chile. ¿Fue una broma o es tu candidato?

-No hay candidatos aún, pero me parece que Golborne tienen todas las habilidades, todas las capacidades, toda la energía y la fuerza para ser presidente de Chile, sin duda. No quiero meterme en las patas de los caballos, en un tema político del que quiero estar lo más lejos posible. Pero sí, yo creo que Golborne tiene un carisma, una claridad que lo hacen un gran candidato. Él es un anti político puro; dice lo que piensa, es un hombre de acción, un hombre sencillo. No puede sino sentirme totalmente identificado con su accionar.

-¿Votaste por Piñera?

-Yo fui de la Concertación desde el momento en que se creó.


-Financiaste varias campañas presidenciales.

-Abiertamente, absolutamente… Pero cuando la Concertación puso al candidato que puso, a Eduardo Frei, para competir con Sebastián Piñera, opté por primera vez por no votar por la Concertación. Con Sebastián Piñera tenemos una amistad de muchos años y cuando se postuló a la presidencia le dije que no sólo iba a votar por él, sino que iba a trabajar por él y así lo hice. Y estoy feliz de que así haya sido. Creo que Sebastián es un buen presidente. Sucede que uno no le puede dar el gusto a todo el mundo. Mientras él tenga como gran objetivo ser un gran presidente, contará conmigo. O sea, eso para mí es el corte que tiene que tener un presidente en nuestro país. Ahora, que hay detalles que no le gustan a uno o a otros, bueno, así va a ser siempre, pero yo creo que lo está haciendo muy bien y que es un hombre extremadamente honesto, de gran inteligencia y capacidad de trabajo.


-Hay mucha gente que está decepcionada de su desempeño. ¿No crees que Piñera ha cometido muchos errores?

-Son menores en torno al gran objetivo. Nuestro país crece, nuestro país funciona, tiene funcionarios honestos. Con la alternancia en el poder quedó fuera la corrupción, quedó fuera toda esa cochinada que se produjo, producto del desgaste de la Concertación. Yo creo que Piñera es un gran presidente, que lo está haciendo muy bien.


-Pero las encuestas no lo acompañan.

-Los líderes hacen lo que ellos piensan y no lo que los demás esperan que hagan. El presidente es juzgado con la proyección del tiempo. Porque lo que un mandatario hace se viene a reflejar más adelante, sobre todo cuando tenemos un periodo de cortos cuatro años. Mira todo lo que hizo don Ricardo Lagos, la infraestructura, primero como ministro de Obras Públicas y después como presidente: la estamos disfrutando todos. Lo mismo la presidenta Bachelet; lo que ella ha hecho, sus obras, se ven recién en el tiempo.

Si el presidente se pone a ver encuestas va a perder el tiempo. Que siga haciendo y tomando decisiones acertadas. ¿Te imaginas qué habría pasado con los 33 en el rescate si hubiésemos tenido un presidente “políticamente correcto”? Estaría todavía consultando. Nuestro presidente tomó la decisión, tuvo los cojones de tomar las decisiones, de hacer las cosas y eso es un líder. Piñera ha tenido cojones. Porque es un líder.


-¿Y qué piensas de la reforma tributaria tal como está planteada? ¿Podría haber sido un poco más ambiciosa?

-No tengo ninguna injerencia en lo que va a pasar, así es que no me he preo-cupado de estudiarla y lo único que me va a tocar es pagar los impuestos que la ley diga que hay que pagar. No pierdo el tiempo en cosas que no dependen de mí, gasto mis energías en aquellos asuntos en que yo puedo hacer que las cosas pasen.


-Pero el 20% a las empresas ¿te parece adecuado o es poco, comparado con otros países?

-Lo que te puedo decir es que yo lo voy a pagar.


-¿Cómo ves al país en este ambiente de descontento, con muchas movilizaciones?

-El tema estudiantil hizo crisis con razones absolutamente justificadas. Los jóvenes se sienten terriblemente afectados, y con razón. Con los créditos para la educación, quedan como verdaderos esclavos del futuro, debiendo trabajar el resto de sus vidas para pagarlos. Cuando se producen desequilibrios graves como ese, los problemas explotan. No es un problema de este gobierno: el gobierno actual es heredero de una serie de malas decisiones.


-¿Como cuáles?

-Aparte de los créditos tan costosos, critico mucho, por ejemplo, la eliminación del concepto de los profesores normalistas. Normalista es un profesor de la enseñanza básica que estudia desde niño para ser profesor, con una dedicación y un sentido de sacrificio importante. Hoy el educador es un empleado a sueldo, sin vocación. El gobierno militar eliminó las escuelas normalistas, porque consideraba que había muchos comunistas en la educación normalista. Hizo la de Don Otto y vendió el sofá (cuando Don Otto sorprende a su mujer con un amante en el sofá), en vez de haber modificado las cosas para tener un estructura de mayor justicia y no generar tanto resentimiento social. Hoy día, la eliminación de la escuelas normalistas, la privatización indiscriminada de la educación, todos estos institutos y colegios que se dedican más que nada a explotar el recurso y, beneficiarse más que a realmente educar… suma eso a la proliferación indiscriminada de universidades de mala muerte y súmalo a una total descoordinación entre la verdadera necesidad profesional y la producción de profesionales.


-¿Hay un exceso de profesionales y pocos técnicos?

-Aquí ya estamos viviendo el fenómeno Cuba, en que uno levanta una piedra y salen diez periodistas y diez sicólogos. Hay una sobreproducción de profesionales en áreas que ya están sobradamente abastecidas. ¿Y qué pasa con la parte técnica? Fíjate que con el crecimiento que está teniendo la minería hoy, algo totalmente previsible y programable, en los próximos dos años no hay en Chile para abastecer ni en 15% las necesidades profesionales que requiere la minería: técnicos, ingenieros, geólogos, etc.


-Otra discusión de ahora es el sueldo mínimo, ¿debería subirse o piensas, como muchos empresarios, que hacerlo crearía cesantía?

-(largo silencio) Un viejo amigo se preguntaba: ¿dónde se cobra el ingreso per cápita? Un tema es que nuestra producción dividida por el número de habitantes dé como resultado un número, y otra cosa muy distinta es que exista una distribución justa. Entonces, no quiere decir que el sueldo tiene que ser el ingreso per cápita… pero sí hay condiciones básicas de dignidad. Si no es a través del sueldo, debiera haber elementos que beneficien directamente a los que vienen, a los hijos… Esto de la educación gratuita hasta ciertos niveles a mí me parecía justo, muy lógico, lo que no quiere decir que la educación superior tenga que ser igual, pero sí para los mejores. Especialmente a través de las becas Presidente de la República; es un buen camino. Ahora, ¿cuánto debe ser el sueldo mínimo? No es un tema que yo me haya dedicado a discutir, lo que sí te puedo decir es que en mis industrias los sueldos son dignos y, por supuesto, van por arriba de los mínimos que el gobierno establece.


-¿Eres cercano a Piñera, conversas con él, lo ves a menudo?

-Sí, sí, sí.


-¿Y cómo lo aprecias de ánimo, con este panorama desalentador en las encuestas?

-Bueno recién fue mi cumpleaños, estaba invitado y conversamos, pero no fue… Él está preocupado de temas más importantes, está con todas estas reformas que vienen por delante, y está sumamente presionado por el trabajo. A nadie le hace bien estar sobrepasado de trabajo, pero así es la realidad y creo que la enfrenta con mucha serenidad. Él nunca le ha quitado el cuerpo al trabajo, porque si hay alguien que trabaja es el presidente. Es un trabajólico. Pero siempre conserva su buen humor, su buena espiritualidad y su cariño.


-¿Volverías a votar por Bachelet?

-Por supuesto que podría votar por ella, sin ningún problema. Fue una gran presidenta.


-¿Pero si fuera entre Bachelet y Golborne?

-No sería nada fácil, me costaría decidir, porque ambos me gustan. Hay que verlo en el momento. Ya tengo suficientes problemas hoy día como para andar fabricándolos.

 

 

 


La edad y los golpes


-Cumpliste 70 años, ¿cómo te sientes, en qué momento te encuentras?

-Cumplí 50 hace 20 años, no más. Mira, la edad, como todo lo demás, depende de uno, yo pretendo seguir funcionando en toda mi vida, con toda mi actividad, con todo mi esfuerzo, con toda la pasión, dándole curso hasta que se apague la luz. Entonces, yo no me siento anciano; no me hagan sentir anciano y no tengo ninguna intención de sentirlo nunca, a menos que las condiciones de salud a uno lo tiren al suelo. Yo he dado grandes peleas, y afortunadamente me ha ido muy bien y cuando la pelá me saque a bailar, bueno, le daremos unos buenos apretones.


-Tuviste que dar una gran pelea con el cáncer, ¿cómo saliste de todo eso, saliste fortalecido?

-Bien. Tengo un sentido de vivir la vida, día a día y con mucha intensidad. El cáncer fue un accidente terrible, desgraciado; que gracias a la medicina con que contamos hoy y a una disposición, te digo, absolutamente férrea, de nuevo, de mi familia y personalmente muy grande, dije: de esto no me voy a morir, hay que pelearla. Afortunadamente quedó atrás.


-¿Tuviste momentos malos en que te derrumbaste?

-No, yo siempre en la adversidad he arrancado para adelante, siempre, y créeme que he tenido momentos muy difíciles.


-¿El tratamiento lo hiciste en Chile solamente?

-En Chile.


-Has enfrentado otros momentos complejos, como cuando Estados Unidos te puso entre los más buscados, por tus negocios de venta de armas. ¿Cómo ves ese episodio ahora, es algo del pasado, un caso cerrado?

-Estados Unidos, no el pueblo sino que su gobierno, ha dado señales tan claras de no respetar nada ni a nadie, que cuando tú lo ves avasallar un país entero y cometer las atrocidades más grandes, cuando las Naciones Unidas le está diciendo que lo está haciendo mal, ¿qué puedo esperar yo? O sea, un huasito colchagüino no puede esperar ser la excepción frente a esta inmoralidad gigantesca que es el gobierno norteamericano. Ellos actúan y hacen lo que quieren.

En el caso mío, el pecado fue haber competido y haberles ganado en todos los terrenos en que me tocó competir con la industria norteamericana de armas, que está protegida, avalada por el Departamento de Estado. Entonces me quisieron neutralizar; pero como te dije que ante la adversidad yo arranco para adelante, arranqué para adelante; y me hice el enemigo más grande que un ser humano puede tener en el planeta hoy. Si hoy sin ninguna razón, sin mediar un elemento de justicia, ellos me atacan, créeme que es motivo de orgullo haber generado, por lo menos en un momento, la idea de que es posible competir con Estados Unidos. Hay que tener un respaldo de fuerza para poder competir con un grande. Lamentablemente nosotros no lo tenemos hoy; es probable que en conjunto, América del Sur lo tenga mañana. Para libremente competir, sin pretender los Estados Unidos que nos pongamos de rodillas. Por eso el tema está abierto y por eso vamos a de acusar internacionalmente a EEUU por esta atrocidad que han cometido conmigo.


-¿No te arrepientes de nada?

-No, ¿por qué? Yo actué dentro del marco de la ley, absolutamente, siempre. Lo que a ellos les molestó entonces fue la competencia, y las acusaciones ni siquiera son acusaciones. Es absurdo. Fíjate que nunca han pedido mi extradición, nunca. Si dicen que yo he cometido un delito, ¿por qué no piden mi extradición? Los desafío, los he desafiado y los sigo desafiando. Pídanme la extradición, si creen que yo cometí un delito, júzguenme; pero no me juzgan ni piden mi extradición. ¿Por qué? Porque no tienen elementos con qué acusarme. Entonces es simplemente un abuso grosero del gobierno de los Estados Unidos.


-¿Hay cosas que hubieras hecho diferente?

-Muy probablemente. Sin duda, lo otro sería de una soberbia espantosa.


-Si uno googlea tu nombre, aparece una foto tuya dándole la mano a Saddam Hussein. ¿La has visto?

-Por supuesto.


-¿No fue un error haber hecho negocios con él?

-No. ¿Por qué? Era presidente de un país y todo el mundo lo apoyaba, Estados Unidos, principalmente.

 

 


Cuando se apague la luz


-¿De dónde salió este gusto por coleccionar ¿desde chico?

-El coleccionismo en una cosa y el compartirlo es otra…


-Algunos empresarios chilenos poseen grandes colecciones que no muestran al público.

-Exactamente, es un tema para el ego. Hay grandes coleccionistas hoy en Chile que se sienten ofendidos cuando alguien quiere ver lo que tienen, porque consideran que pierden valor. No los voy a mencionar, pero hay coleccionistas en Chile que no nos han dado acceso a las cartas que tienen de José Miguel Carrera. Entonces, el coleccionismo es una cosa y el tema de querer mostrarlo y compartirlo con los demás es otro cuento.


-¿Crees que hace falta que los empresarios sean más proclives a crear museos, a donar dinero para obras públicas?

-Nosotros, en nuestro maravilloso y lindo país, a veces pensamos que la acción y la gestión se llevan a cabo por decretos. Este es un problema de cultura y de pasiones. Tengo un mensaje para los colegas empresarios: que recuerden que cuando uno deja la vida, deja todo lo que ha tenido pero se lleva todo lo que ha dado. Para mí eso, que es un cliché, es esencial y lo valoro en toda su extensión. Porque cuando se ve al dinero como un fin y no como un medio, es cuando se pierde el norte. Entonces hay que darle sentido a lo que se hace, y es ahí donde el empresariado debiera tratar de colectivizar estos elementos que son aglutinantes, que nos unen como chilenos: la cultura no es un gasto, es una inversión tremenda. Muchos ven la cultura como un elemento cosmético; o sea, que hay que participar en eso porque viste bien. ¿Me entiendes tú? Pero cuando la pasión está ausente, no funciona.


-¿No hay mecenas?

-La función del empresario no es el mecenazgo. La función del empresario es producir bien, generar trabajo, hacerlo dentro de las normas que la sociedad ha impartido. Pero sería bonito ver un mayor compromiso, más generosidad del empresariado.

Con el terremoto, en Santa Cruz, por ejemplo, yo tuve once frentes, se me cayó gran parte del Museo. Y se cayó la iglesia. Todos miraron para el lado. Yo no soy católico, he sido agnóstico toda mi vida, pero la iglesia para mí representa un símbolo que involucra a la sociedad entera. El cura que tenemos allá es un hombre extremadamente humano, inteligente y buen amigo. Imagínate cómo estaba con la iglesia abajo. Yo le dije: “esta cuestión la vamos a resolver. Voy a hacer una prueba”. Empecé a llamar uno por uno a mis amigos empresarios. La respuesta fue fabulosa. Hernán Briones, por ejemplo, regaló todo el concreto a través de Bío Bío.

Roberto de Andraca regaló, a través de CAP, gran parte del acero. Los amigos de los bancos se pusieron todos. Y a los que no se ponían los molesté tanto, pero tanto, fui tan majadero, y no tuve ningún empacho en hacerlo, y logré convencerlos. Lo hicimos a través de la ley de donaciones. Y cuando estuvo mi amigo Sebastián en Colchagua mirando la iglesia, me dijo: y bueno, ¿el Estado se ha puesto con algo? No, pos, le dije yo, no se ha puesto con nada. A ver, me dice, ¿y esto no lo hiciste con la ley de Donaciones? Sí, pues, le digo. Entonces me puse con la mitad, contestó Piñera. Y es cierto porque, a través de las donaciones la empresa puede recuperar incluso un poco más de la mitad de lo que donó. Es un esfuerzo colectivo. Lo que más necesita Chile es gestión, está todo en recursos, pero falta gestión.


-¿Cómo te ves de aquí a diez años?

-Bien. Si no estoy muerto, voy a estar trabajando como loco en las mismas cosas en que estoy hoy día, porque me gusta. Ese es mi espacio, me siento muy cómodo. Tengo una mujer que me ayuda mucho, tengo una familia muy bonita. Mis hijos se llevan la parte más dura, el trabajo día a día, entonces yo de me dedico a gozar no más. Tengo 17 nietos y nos gusta viajar juntos, aclanados. El verano viajamos todos por Chiloé, éramos 32, entre hijos, nueras, nietos. En diez años me voy a dedicar a ser feliz mientras pueda.


-¿Y cuáles son tus principales temores?

-La mediocridad, hacer las cosas mal. Hacer las cosas bien cuesta más barato porque hay que hacerlo una pura vez y además es motivador, el orgullo que uno siente por hacer las cosas. Si hay algo que me molesta es la deslealtad. Y he sufrido algunas, las he conocido.


-Dijiste que eras agnóstico, ¿cómo te enfrentas a la muerte?

-La espero aquí, como me ven, sentado cómodamente. La muerte va a llegar; es lo único seguro que yo tengo por delante. Cuando llegue se enfrentará. La muerte no me produce ningún miedo terrorífico. Siempre la he aceptado como algo natural. El dolor que he sentido cuando alguien cercano ha muerto no involucra el saber dónde van a ir, o pensar que me voy a juntar con ellos, porque esas cosas no existen. Para mí morir es que se apagó la luz. Y si hay algo, ahí se verá, pero hasta ahora no tendría pruebas.


-La imagen del empresario en Chile está muy deteriorada, muy debilitada…

-No lo suficiente. El lucro, el dinero por el dinero, no basta. La responsabilidad social de la empresa debiera exacerbarse, ni siquiera transformarse en gasto, porque es una inversión. El estar bien con tu entorno es una tremenda inversión. Y los intangibles son más importantes, más beneficiosos y más rentables que los tangibles.


-Pero con esa óptica, no podrías haber sido empresario de la industria de armamento. ¿No te cuestionas nada?

-No. La fabricación de armamento es ingeniería aplicada, y cuando un país decide tener FFAA, tiene que armarlas. Entonces tienes dos alternativas: le compras las armas y haces más ricos a EEUU o las haces tú. ¿Qué te parece? Además la responsabilidad de las armas está en quien las usa, no en quien las fabrica. Tranquilito.