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Capital Legal
Tribuna. Apuntar a un plan maestro

Artículo correspondiente al número 244 (26 de diciembre de 2008 al 22 de enero de 2009)

 

Para regular temas laborales se debe legislar con prolijidad y en un contexto orgánico; es decir, con plena claridad de los efectos económicos y sociales que éstos conllevan.

 




Marcelo Soto Ulloa
Abogado de Uribe, Hübner y Canales


El momento social y económico exige pensar con mucha profundidad, serenidad y perspectiva las futuras leyes laborales. En esta línea, un “plan maestro” vendría muy bien a empleadores y trabajadores. Un plan que responda de manera coherente, orgánica y estable a las verdaderas, actuales y concretas necesidades de los actores de la relación laboral. Lo contrario son reformas “por goteo” que sólo causan confusión e incertidumbre. Sólo así se pueden tomar decisiones, planificar en el largo plazo y no con la posibilidad permanente de nuevas leyes que tiene el efecto pernicioso, por ejemplo, de dudar si otorgar beneficios para los trabajadores por el “doble costo” que a futuro se pueda producir con una nueva normativa.

Por lo anterior, y adelantándonos a futuras regulaciones –como las relacionadas con nuevas facultades fiscalizadoras para la Dirección del Trabajo para que puedan denunciar a empleadores aparentes o para que se hagan parte en juicios entre sindicatos y empleadores; sobre quiebra del empleador; u otras que podrían venir más adelante sobre gratificaciones y negociación colectiva –, es hora de concordar el contenido de este plan maestro. La agenda laboral del año 2009 debería avanzar en fórmulas concretas y “micro” relacionadas con jornada de trabajo –que es un punto particularmente complicado –, con remuneraciones o con término de contrato, las que pudiendo no estar expresamente recogidas en la ley, puedan ser acordadas por las partes por la vía de la negociación colectiva, de forma que se adapten mejor a lo que realmente conviene y sirve a trabajadores y empleadores, y ello siempre respetando los principios fundamentales de las leyes laborales. En esa línea, y ahora en “lo macro”, debemos señalar que la negociación colectiva necesita con urgencia una reforma marco, porque es evidente que el sistema vigente dificulta los acuerdos entre las partes y no genera puntos de encuentro entre empleador y sindicatos, sino todo lo contrario. Creo que nadie duda de la buena herramienta que puede ser la negociación colectiva cuando está bien regulada y permite la convergencia de los intereses. Incluso, puede reemplazar a la ley.

En concordancia con lo señalado, se debe analizar el rol que juega la Dirección del Trabajo, ente regulador y fiscalizador de inmensa influencia en “lo micro”, tanto para empleadores como para trabajadores. Este plan también debería perfeccionar la calidad de las fiscalizaciones laborales, aumentando la rigurosidad en el procedimiento y profundidad del conocimiento técnico de sus fiscalizadores, ya que una buena parte de la toma de decisiones de las empresas y de los trabajadores está condicionada por las fiscalizaciones. Una mala calidad de la fiscalización produce nocivos efectos: confusión para empleadores y trabajadores, expectativas sin fundamento, pérdida de credibilidad en la autoridad y enrarecimiento del clima laboral, entre otros. Ya se ha ido generando jurisprudencia de los tribunales de justicia que ha dejado sin efecto multas que no cumplen los elementos mínimos fundantes para su legalidad, dejando por lo tanto en la indefensión a los empleadores.

Con leyes laborales coherentes y una fiscalización de calidad se juega gran parte de nuestro desarrollo social y económico. No perdamos la oportunidad de hacer bien las leyes y de fiscalizarlas correctamente.

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