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Tribuna: ENADE 2007: El rescate de las personas

Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)


El mensaje y desafío de uno de los encuentros más relevantes de los últimos años en torno a nuestro desarrollo es claro: Tengamos coraje y seamos optimistas. Por Fernando Barros Barros & Errázuriz Abogados Vicepresidente


El encuentro Enade 2007 que organizó Icare nos hizo partícipes de un debate de altísimo nivel sobre las condiciones sine qua non para que Chile pueda alcanzar el anhelado desarrollo. No sólo aumentos en la productividad, cifras PIB o PPC a la altura de países como Australia o Nueva Zelanda, ni reducidos niveles de inflación. Enade nos llamó a buscar fórmulas para que esas cifras se integren con principios como cohesión social, diálogo, trabajo decente, virtudes humanas, confianza. Afortunadamente, el consenso –y no la controversia– fue el ambiente que reinó a lo largo del encuentro. Un premio Nobel, un ex primer ministro gestor del milagro alcanzado en Estonia, profesionales del más alto nivel, académicos, ministros de Estado y empresarios coincidieron en la importancia del capital humano.

 

Gary Becker fue categórico en sostener que en este siglo serán las personas –no los recursos naturales ni las máquinas– quienes determinarán la prosperidad de un país. Mart Laar, ex primer ministro de Estonia, en una ovacionada intervención, indicó que para un adecuado progreso una buena economía no es suficiente, sino que se requiere un cambio en las personas. Sebastián Edwards nos ilustró con el ejemplo del gobierno de California, estado líder en creación de empresas, en innovación y en productividad, donde la prioridad de la agenda se volcó a las personas: a mejorar los no tan líderes niveles de educación, los que por cierto, están muy por sobre los chilenos.

Ya fuere que se analizare la gestión pública, la relación empleadores–trabajadores o el emprendimiento, fluyó siempre la misma conclusión: la persona es la esencia del progreso y la educación es esencial para el desarrollo de la persona. Becker nos alentó con su análisis financiero: existe certeza del aumento de la brecha en la valorización de personas con mayor educación por sobre aquéllas que carecen de ella. El retorno sobre la inversión en educación ha crecido sostenidamente, tornándola altamente productiva. En la sociedad del conocimiento el quedarse atrás en éste condenará a personas y países.

El reciente acuerdo político sobre educación, si bien es muy básico, nos ha mostrado la fuerza constructiva que puede derivarse de un diálogo abierto, que logra hacer surgir el consenso por sobre las legítimas diferencias. Como lo destacó el presidente de Icare, Patricio Jottar, debemos desterrar las descalificaciones que nos desvían del rumbo adecuado, correspondiendo que nos esforcemos en promover conductas virtuosas en las personas. “Cuando el capital de conductas virtuosas de una sociedad es alto, las personas –aunque en posiciones opuestas– confían las unas en las otras. La confianza genera cohesión social y ésta se transforma en el principal lubricante de todo proceso de desarrollo integral”.

 

 

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