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Bienvenido, te encuentras en Inicio Capital Legal Tribuna: El reto de asesorar a una “empresa familiar” |
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Artículo correspondiente al número 208 (13 al 26 de jul 2007)

Nuestro desafío como abogados está en la capacidad de integrar un conjunto de habilidades en el manejo de directorios y gobiernos corporativos, con la misión de dar estructura y mediar entre los miembros de la familia y los profesionales externos.
Manejar una empresa familiar no es un asunto fácil. Tiene fortalezas y debilidades. Entre las primeras destaca el compromiso con determinados valores, visión de largo plazo y su carácter conformador de riqueza local y, por lo tanto, de tejido económico social, un factor esencial del desarrollo sostenible. Entre las debilidades, destacan las dificultades de gestionar adecuadamente los parámetros subjetivos o emocionales, lo que dificulta la profesionalización de la gestión. Las empresas familiares tienen una mayor dificultad para crecer por divisiones internas más o menos explícitas.
Una “empresa familiar” implica ser una empresa rentable, también una buena familia y, lo que es más difícil e importante, ser “empresa” y “familia” de manera coordinada, planificada y consciente. Esta es la clave para formalizar las reglas de funcionamiento de una familia empresaria en lo que llamamos “protocolo familiar”.
Este es resultado de un proceso guiado por expertos, por el que una familia empresaria piensa, discute y recoge documentalmente los acuerdos alcanzados, los que generarán un clima de unidad y compromiso en la familia, un sistema de gobierno de las relaciones familia-empresa, y un sistema profesionalizado de gestión para el negocio. Todo ello de la forma más entrelazada y natural posible, para que se pueda crear una cierta cultura o hábito –en el fondo se trata de ganar en virtudes familiares y empresariales–, en su manera de hacer negocios.
Una familia que se toma este reto con rigor y que está firmemente comprometida con las raíces y valores que marcaron sus antepasados (no con las formas o métodos de gestión que forzosamente han tenido que cambiar) –hasta el punto de ceder personalmente sus miembros en sus derechos o intereses para fortalecer el conjunto y poder seguir desarrollando sus negocios de manera profesional, competitiva e innovadora–, puede decirse que es una “familia emprendedora” o una “empresa familiar”.
Nuestro desafío como abogados corporativos y, en especial, de empresas familiares está en la capacidad de integrar a nuestros conocimientos legales un conjunto de habilidades en el manejo de directorios y gobiernos corporativos en los “gobiernos de familia”, desde los cuales nuestra misión será ordenar, dar estructura y mediar entre los miembros de la familia y los profesionales externos. Este rol es cada vez más valorado por los clientes, no así la sola función de asesoría legal, que se mantiene lejana al negocio y a la problemática de la familia.
Rodrigo Albagli Socio AlbagliZaliasnik