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Artículo correspondiente al número 212 (07 al 20 de sept 2007)
La vida no tiene precio. Todos compartimos esa afirmación. Sin embargo, la cruda realidad indica que los tribunales de Justicia sí le asignan un valor a la vida y, peor aún, la vida de una mujer está valiendo menos que la de un hombre. Por Gloria Claro. Directora Marsh Corredores de Seguros.

De acuerdo a los datos que se desprenden de fallos en procesos donde se persigue la responsabilidad civil por muerte, cualquiera sea su origen –accidentes vehiculares, laborales o de otro tipo–, en los últimos cinco años los tribunales de primera instancia han condenado al pago de un promedio de 60 millones de pesos cuando el fallecido es un hombre y de 39 millones cuando se trata de una mujer. Diferencia que, en honor a la verdad, tiende a reducirse en los tribunales superiores.
Sin embargo, los jueces no actúan caprichosamente, ya que son los propios demandantes los que hacen la distinción. Mientras el promedio demandado en el caso de muerte de un hombre es de 338 millones de pesos, la demanda promedio en el caso de muerte de una mujer asciende solo a 250 millones. Se podría pensar que la razón de que los montos demandados y adjudicados sean distintos, es que en el caso de las mujeres la expectativa de ingresos futuros es menor a la de los hombres, pero en el 75% de los casos los tribunales no se pronuncian sobre el lucro cesante. Sin ánimo de ofender al gremio, los tribunales están llenos de abogados a quienes les complica mucho calcular los flujos y obtener el valor presente.
En consecuencia, la mayor contribución a la indemnización no se relaciona con el lucro cesante, sino con el daño moral, pudiéndose afirmar que los tribunales asignan un daño moral cuando muere un hombre 1.3 veces superior al que establecen cuando la persona fallecida es una mujer. Como no sería justo suponer que la pena de perder a un hombre es superior a la de perder a una mujer, la realidad indica que bajo la figura de daño moral de alguna manera se compensa daño económico y, en Chile, la pérdida de un hombre tiene mayor impacto económico para la familia. Si bien la mayoría de la sociedad estaría de acuerdo en reconocer el valor de la mujer que trabaja en su casa, a la hora de la verdad y de acuerdo a datos duros, ese trabajo no se valora lo suficiente.
Lo que complica aún más el tema es que esta diferencia en el valor de acuerdo al sexo se replica en varias partes del mundo. De acuerdo a las estadísticas, en Estados Unidos los tribunales asignan un valor de 1,5 millones de dólares en promedio por un hombre muerto y 1,25 millones por una mujer fallecida, mientras que en Alemania e Inglaterra se presenta una diferencia similar. Cuesta asumir que las mujeres valgan menos que los hombres, pero desgraciadamente lo que era una tendencia va pareciendo un patrón.