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Stella Awards: Rarezas del mundo legal

Artículo correspondiente al número 270 (26 de febrero al 11 de marzo de 2010)


El mundo legal no está ajeno a rarezas y locas peticiones, incluso en Estados Unidos anualmente se realiza una premiación denominada Stella Awards. El creador de esta categoría de premios es Randy Cassingham, quien año a año lanza una publicación con el seguimiento de los casos más raros del mundo legal. En Capital seleccionamos los mejores:

Fue por lana y volvió trasquilado. El laboratorio estadounidense Medtronic Navigation acusó a su competidor BrainLab, de origen alemán, de infringir la ley de patentes, pidiendo una indemnización por 51 millones de dólares. Sin embargo, el juez que seguía el caso falló a favor de la alemana, por considerar que los argumentos de Medtronic no eran sufi ciente aval pero, además, acusó a los abogados de haber desviado la atención del jurado, enfocando sus argumentos exclusivamente en descalifi car a la competencia. Conclusión: Medtronic fue obligado a pagar 9,9 millones de dólares a BrainLab para compensar los costos del juicio y por daños a su reputación.

Beber es responsabilidad de terceros. Amanda Jax (21), acompañada de un grupo de amigos, fue a celebrar su mayoría de edad a un restaurante. Tras beber unas copas de más, la joven perdió el sentido y luego falleció. Sus padres decidieron buscar culpables, acusando formalmente a sus amigos y al restaurante por “no cuidarla, en circunstancias que estaba fuera de sus facultades normales y ella no tenía la responsabilidad de protegerse”. Aún falta la resolución fi nal del caso.

Sálvese quien pueda. En la ciudad de West Warwick, Estados Unidos, todavía recuerdan el incendio de un local donde murieron 96 personas. La lluvia de demandas contra el lugar no se hizo esperar, pero el problema es que el recinto tenía vencido su seguro y los mil millones de dólares que pedían por indemnización no tenían ningún respaldo. Los abogados de los familiares rearmaron su estrategia y fueron persiguiendo responsabilidades a los indirectamente implicados. La primera que cayó fue la radio que promovió el evento, que tuvo que pagar 22 millones de dólares; luego, la estación de televisión que grabó el recital y que desembolsó 30 millones. La fábrica que elaboró los paneles que se infl amaron rápidamente también tuvo que pagar casi un millón de dólares, mientras que la empresa que los vendió (Home Depot) también canceló su parte. Hasta Anheuser Busch tuvo que responsabilizarse por vender sus productos en el lugar, y pagó 16 millones de dólares. La banda que tocaba, su manager y hasta el gobierno estatal no escaparon de esta verdadera caza de brujas.


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