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Litigantes 2.0. La generación del recambio

Artículo correspondiente al número 256 (10 al 23 de julio de 2009)

 

Tienen entre 28 y 36 años, son analíticos, hábiles y locuaces. Estos seis jóvenes abogados nunca pensaron en otra alternativa que el litigio como disciplina a seguir. Sus carreras son ascendentes y, pese a su juventud, algunos ya ostentan la posición de socios en prestigiosos estudios. Por Paula Vargas.

 

La verdad es que sólo pueden causar envidia. Tanto desplante, energía y entusiasmo apabullan a cualquiera, más aún cuando nos detenemos a leer sus currículos. Ahí se despeja cualquier duda de por qué están donde están.

¿Qué tienen en común Guillermo Arthur (28), Paulo Montt (32), Alberto González (32), Nicolás Vergara (33), Ricardo Reveco (34) y Alvaro Jana (36)?

Forman parte de una prometedora generación de litigantes, en la que la discusión, el análisis y la creatividad para abordar los conflictos son acciones cotidianas, asevera Jana, el socio más joven del estudio Bofill, Mir & Alvarez, Hinzpeter & Jana.

Paulo Montt, abogado y socio del estudio Ferrada & Nehme, también se declara un “hincha” de esta disciplina del Derecho, porque el desafío intelectual y estratégico que implica un litigio no se da en otras áreas. “Acá ningún juicio es igual a otro, y eso exige que cada caso se deba enfrentar de manera distinta para lograr convencer al tribunal. Ese es el principal desafío del litigante, lo que exige no sólo conocimiento y capacidad de análisis, sino también un criterio estratégico que permita persuadir al juez”, explica.

Otro requisito para ser litigante es tener “sangre”, o vibrar con los temas. Esa es, al menos, la opinión de Alberto González, miembro del departamento de litigios de Prieto & Cía, quien desde muy temprano supo que el litigio era lo suyo. “Durante mis años de estudio tuve la oportunidad de ser alumno de Alejandro Romero. Recuerdo cuando, con pasión, nos explicaba el Derecho Procesal como una disciplina que iba más allá de las formas y ritualidades; que era una valiosa herramienta para hacer valer los derechos de las personas. Ahí me convencí de poner en práctica esta inquietud, hasta que en 2001 ingresé al área judicial de este estudio”, confiesa.

Para todos son importantes los referentes. Quien con nombre y apellido no puede dejar de mencionar a sus mentores es Nicolás Vergara, abogado de Ortúzar, Aguila & Concha. Para él la experiencia de trabajar con Alvaro Ortúzar y Pedro Hernán Aguila le ha enseñado que en esta materia se requiere mucho trabajo en equipo. Sólo así se pueden obtener las mejores ideas y dar con un diagnóstico adecuado para resolver el problema.

Cada uno resguarda con gran celo los litigios en que han participado. Coinciden, eso sí, en que para resolver con éxito un conflicto hay que hacer un estudio profundo de todas las materias que rodean un juicio e idear la mejor estrategia para adelantarse a los escenarios que podrían venir de la contraparte.

Guillermo Arthur, abogado de Correa & Gubbins, tiene a su haber varios juicios. El que más lo ha marcado fue la defensa de una entidad bancaria frente a una class action interpuesta por una organización de consumidores. “Pasamos semanas metidos en oficinas y unidades del banco entendiendo el negocio, recopilando y sistematizando información y fue este estudio el que en la etapa formal nos permitió demostrar que las imputaciones eran absolutamente falsas… Además, logramos la única sentencia firme que ha declarado inadmisible la acción de un grupo de siete demandas iguales dirigidas contra distintos bancos”, recuerda.
Abordar un litigio tiene sus complejidades. Entre ellas, lidiar con la ansiedad y con las expectativas de cada cliente; sobre todo, cuando existe alguna posibilidad de perder un juicio, comenta Ricardo Reveco, litigante de Carey & Cia.

Es que enfrentar una derrota para nadie es fácil. Para Reveco, el manejo de la frustración se aprende con el tiempo. “Esta profesión impone obligaciones de hacer los mejores esfuerzos y no de resultados, lo que a veces es incomprendido por el cliente”. En tal sentido, Montt agrega que en los juicios no basta creer que se tiene la razón: “uno debe saber comunicar sus argumentos para crear convicción en un tribunal, pero lo esencial de una derrota es descubrir por qué uno no fue capaz de hacerlo”, concluye.

 

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