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Capital Legal
Juntos y revueltos

Artículo correspondiente al número 258 (7 al 20 de agosto de 2009)

 

La ola de fusiones que vive el mundo legal no es pura casualidad. Detrás hay un trabajo de meses y no existe una fórmula única que garantice el resultado. Cómo hacer una fusión exitosa y qué aspectos se deben evitar. Por Paula Vargas y Elena Martínez.


Al final del día, los estudios de abogados son una industria y –como tal– pareciera que también llegó la hora de la concentración. Al igual que otros negocios, aquí el éxito de una operación de esta clase tampoco está garantizado y muchas se han caído en el camino. La tendencia, sin embargo, está; y cada día crece la intención de varios estudios de la plaza de potenciarse absorbiendo o uniéndose a otros bufetes.

La industria del litigio está en su apogeo. Muchos dejaron atrás los pudores y se concentraron en buscar fórmulas de crecimiento que no sólo garanticen su permanencia, sino que los haga ser más competitivos, eficientes, contar con los mejores profesionales y, por supuesto, captar más clientes.

“Los estudios están en proceso de transformarse en empresas”, diagnostica Gustavo Rodríguez, socio de GR Soluciones, una firma asesora en soluciones empresariales y que ha trabajado con al menos 14 bufetes en estos procesos. Ello supone, explica, incorporar herramientas de gestión, políticas de recursos humanos, definir su negocio y también establecer cómo tomar sus decisiones. En este sentido, sostiene, la fusión nace fundamentalmente por razones comerciales.

Pero tener en la mira sólo la razón económica para impulsar una integración es el móvil menos recomendado, según el asesor especializado Marcelo Montero. Tener en consideración sólo los números y los flujos y dejar de lado el tema cultural es un foco natural de conflictos y quiebres, enfatiza.

Varios son los motivos para decidirse por una fusión, aunque no todos son aconsejables. Según Montero, las condiciones óptimas para abrirse a esta opción tiene que ver, primero, con la intención del estudio de salir de su condición de boutique y aumentar de tamaño, sumando áreas del Derecho que sean complementarias a sus servicios.

Ejemplos en ese sentido hay varios. Quizás uno de los primeros en marcar la pauta fue Prieto & Compañía, quien se unió a un experto en propiedad intelectual, Porzio, Ríos & Asociados. Algo por el estilo hizo, hace unos meses, Alvarez, Hinzpeter & Jana junto a Bofill & Mir, integrando esta vez disciplinas similares pero con el objetivo de convertirse en el estudio de litigio más grande del país.
Crear bufetes de gran tamaño no es la panacea. Según Montero existen peligros. “Ser grandes porque sí no tiene ningún valor… Un cliente va a contratar al mejor estudio o al más especializado para resolver determinados conflictos y la gran debilidad de las oficinas grandes radica en las especialidades, recayendo en ellos las operaciones y temas más generales... y eso es un problema a la hora de generar flujos”.

Otro punto de conflicto es el sistema de compensaciones. No resulta fácil establecer un régimen de distribución de ingresos entre equipos de profesionales con un promedio de remuneraciones históricos, de acuerdo a su cartera específica de clientes.
En cuanto al éxito, el principal factor que lo consolida es la afinidad al enfrentar la tarea. Cuando hay un objetivo y culturas de trabajo similares, el resto viene por añadidura, indican las experiencias registradas.

También juegan un rol clave la visión de largo plazo y dónde ver las oportunidades, agrega Gustavo Rodríguez. Punto fundamental, ya que inspira los cambios internos.

Las similitudes en los modelos de trabajo es lo que destaca el socio administrador de Prieto & Cia-Porzio, Ríos y Asociados, Alberto González. “Como la fusión se hizo entre estudios con una cultura similar, cuyos miembros se conocían hacía años y además existía un contacto profesional permanente… la integración se dio en forma muy natural y hoy somos un equipo”, dice.

Otro caso de fusión más reciente es el caso de Rivadeneira-Colombara-Zegers, ejemplo digno de mencionar por la rapidez con la que lograron acuerdos. En cosa de semanas se unieron ambos equipos; motivados, eso sí, por un mismo objetivo: potenciar el área de litigio. “Cuando hay coincidencia en los valores y una visión común, los otros temas como las compensaciones, ubicación y esos detalles se pueden resolver en el camino”, agrega Ciro Colombara.

Carey&Cía. hizo noticia recientemente por su fusión con Harnercker en materia de propiedad intelectual. Guillermo Carey, socio del estudio, destaca que hoy “existen muchas sinergias en cuanto a clientes y áreas de relevancia. Harnecker es muy fuerte en Europa y Carey, muy fuerte en Estados Unidos”.

Jorge Bofill y Rodrigo Hinzpeter –hoy, rostros del estudio Bofill Mir & Alvarez Hinzpeter Jana– coinciden en anotar que “afortunadamente, este proceso de fusión ha sido extremadamente fácil”, aunque admiten que reunir a más de 60 abogados bajo el mismo techo no es una tarea sencilla en la práctica. Las expectativas han sido cumplidas con creces, asegura Bofill, y son uno de los estudios más grandes del país.

Cuando algo falla –ya sea la cultura de trabajo o expectativas que se derrumban ante el natural acoplamiento laboral– no hay marcha atrás. En el mercado hay algunos casos: la fallida fusión entre los estudios Urenda, Rencoret, Orrego & Dörr (UROD) y Baraona Marré los que, a 10 meses de haber anunciado su fusión decidieron terminar con el acuerdo y “tan amigos como siempre, pero separados”, señaló en su momento Juan Carlos Dörr. Aunque públicamente desmintieron un conflicto, en el mercado aseguraron que la causa de la disolución fue la diferencia cultural: una, más agresiva y de avanzada, representada por Baraona Marré; y la otra, más apegada lo tradicional, liderada por UROD.

 

 

 

 

Otras asociaciones

Pero las fusiones no parecen ser la única alternativa para fortalecer los estudios de abogados. Bien lo saben en Guerrero, Olivos, Novoa & Errázuriz, firma que durante dos años mantuvo una alianza estratégica con el estudio de propiedad industrial Harnecker, acuerdo que finalizó hace unos días, cuando este último fue absorbido por Carey & Cía.

Como no podían dejar de lado un área clave en su afán por entregar un servicio integral a sus clientes, hace unos días, junto a uno de los ex integrantes de Harnecker, Jorge Garay, decidieron crear un nuevo estudio, denominado Garay-Guerrero, en el que Guerrero tendría el 30% de la nueva sociedad y el resto sería controlado por Garay. Fórmula bastante singular pero que, sin embargo, para el estudio corporativo tiene sentido porque los Garay tienen un nombre ganado en el tema de propiedad intelectual; y luego, porque se trata de un área del litigio con tiempos y dinámicas diferentes al corporativo.

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