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Artículo correspondiente al número 214 (05 al 17 de oct 2007)
Abogado de la Universidad Católica y magíster por la Universidad de Hamburgo, es vicepresidente de Asuntos Corporativos y Comunicaciones de BHP Billiton Metales Base, presidente de Fundación Educacional Escondida y director de la Cámara Chileno-Alemana de Comercio e Industria.

-¿Cuáles son los principales desafíos legales que enfrenta el mundo de la minería en Chile?
-Los verdaderos desafíos legales de la minería creo que no están en la legislación propiamente minera, sino en los temas relacionados. Por ejemplo, las áreas de interpretación administrativa de la legislación ambiental y laboral son amplias y el Estado, en nuestro proceso de desarrollo y maduración institucional, necesita profundizar el conocimiento técnico y el entendimiento cabal de las implicancias de sus decisiones.
-¿Cuáles fueron los costos y qué lecciones se aprendieron de la huelga que enfrentaron el año pasado en Escondida?
-Es evidente que en Chile enfrentamos la fiebre del cobre, que partió con la protesta pingüina y después se ha replicado en varios frentes, incluido el laboral minero. La de Escondida fue una huelga dura, que inauguró el período de negociaciones colectivas de la minería y que tuvo una carga simbólica fuerte. El principal logro fue separar los efectos permanentes en los costos, de aquellos en que se incurrieron por una sola vez y que no afectan nuestra competitividad a largo plazo, cuando los precios del cobre vuelvan a bajar. Además, logramos un contrato colectivo con importantes incentivos para el desempeño, lo que alinea a la empresa y los trabajadores en su objetivo común.
-¿Está de acuerdo con lo planteado por el ministro del Trabajo en cuanto a la eliminación de los reemplazos durante las huelgas y de los grupos negociadores, a fin de entregarles a los sindicatos el monopolio de la negociación colectiva?
-La negociación colectiva de Escondida es una prueba de que el poder de negociación de nuestros sindicatos es grande y, en ese sentido, el sistema legal chileno sí funciona adecuadamente.
-¿Qué evaluación hace del royalty a la minería y del impacto que ha tenido en este sector?
-Hace tres años nadie pudo prever los precios actuales de los metales y especialmente del cobre. Este nuevo escenario le quita dramatismo al royalty como carga económica adicional, pero igual genera un precedente legislativo negativo de discriminación tributaria sectorial. Siento que el royalty fue una oportunidad perdida para generar confianzas y construir una visión compartida de país entre el mundo político y el empresarial. Creo que desde la minería no fuimos suficientemente claros para exponer el enorme impacto de nuestra actividad para Chile, y la política nos pasó la cuenta. Sin embargo, el hecho de que estas platas se destinen a un fin específico como la innovación, hace a este impuesto más “tragable” que otro cualquiera y sujeta al Estado a metas más transparentes.
-¿Qué se debería hacer con los excedentes del cobre?
-El desafío del gobierno es parecido al de las mineras en las negociaciones colectivas, en cuanto a no introducir costos permanentes en tiempos de utilidades extraordinarias y creo que ha sido responsable en esto. El problema es el manejo de las expectativas y cómo utilizamos estos recursos en generar oportunidades permanentes de crecimiento para todos los chilenos.