Imaginación jurídica: ¿nueva fuente de derecho internacional? - Revista Capital

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Imaginación jurídica: ¿nueva fuente de derecho internacional?

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Por José Luis López Blanco, Socio de ASL Corp Abogados

Han terminado los alegatos en La Haya, en la demanda de Bolivia contra Chile.
La parte chilena reitera la doctrina tradicional: que este tema debe fallarse conforme a derecho. El problema es que la Corte no tiene competencia para esta materia. Menos, para obligar a Chile que otorgue a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico. Los límites del país no se modifican por sentencias de un tribunal internacional.

La posición boliviana fue muy variada, desde alegatos respetuosos (aunque discutibles jurídicamente), a otros, con histrionismo, de un abogado español, hasta la verborrea del presidente Morales. Se distinguen en ella tres aspectos.

1. Confundir al tribunal. Una estrategia antigua es enredar al juez. Se utilizan conceptos cambiantes, sin definir la petición concreta que debe resolver el tribunal.
La petición genérica (y contradictoria) es: queremos que la Corte obligue a Chile a negociar de buena fe una salida soberana al mar. Es lícito preguntar, ¿puede un país ser obligado a negociar con resultado conocido? El presidente Morales demostró el verdadero propósito boliviano, al señalar recientemente: “Antofagasta fue, es y será boliviana”.

Esta pretensión es reconocida por la Corte en sentencia de 24 de septiembre de 2015, al rechazar la objeción preliminar presentada por Chile, señalando que “se puede asumir que el propósito final de Bolivia es el acceso soberano al océano Pacífico”.

La jueza ad hoc, Louise Arbour, en un voto especial, dejó constancia que Bolivia ha cambiado sus peticiones en los distintos documentos y alegatos, por lo que resulta difícil determinar la extensión y el contenido de su demanda.

2. El objetivo real es una condena jurídica internacional a Chile, como país. Como lo hizo Perú en su demanda en La Haya por delimitación marítima, el reclamo boliviano desarrolla severas críticas a las actuaciones históricas de Chile, principalmente en la guerra del Pacífico. La demanda contiene una descripción de “la política expansionista” de Chile y de lo que califica como invasión del territorio boliviano por tropas chilenas en 1879.

Lo anterior unido también a una gran actividad comunicacional, presentando a Chile como un país soberbio y agresor, al margen de la solidaridad latinoamericana. Bolivia sería un país pequeño y que sufre las consecuencias del poderío chileno. El presidente Morales, en julio de 2017, al referirse a las dificultades de diálogo con Chile, expresó: “Parece que la presidenta Bachelet está secuestrada por la oligarquía pinochetista”. Comentarios semejantes se habían utilizado un año antes para referirse al entonces agente chileno, José Miguel Insulza.

3. La imaginación jurídica compensaría la falta de fundamento. En el caso iniciado por Perú ante la Corte, el canciller peruano, Rafael Roncagliolo, frente a las debilidades de la petición peruana, sostuvo en 2012 que “en algunas ocasiones, la Corte de La Haya emite fallos que pueden representar ejercicios de imaginación jurídica”. La Corte acogió en parte esa tesis al establecer que la extensión del límite marítimo era de 80 millas, en vez de las 200, que tanto Perú como Chile habían reconocido siempre.

Ahora, el abogado inglés Alan Vaughan, defensor de Bolivia, expresó que la obligación legal de negociar nace de la Carta de Naciones Unidas, uno de cuyos artículos señala que “los miembros de la Organización resolverán sus controversias por medios pacíficos, de modo tal que no se ponga en peligro ni la paz, ni la seguridad, ni la justicia”. Concluye el abogado Vaughan que este principio es superior al Estatuto de la Corte, que fija que ese tribunal resolverá conforme a derecho (sic).

Se reconoce así que la demanda boliviana carece de fundamentos de derecho. Volvemos, por lo tanto, a la tesis de la imaginación jurídica.

¿Qué dirá la Corte?

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