La trilogía que viene - Revista Capital

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La trilogía que viene

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Por: Cristián Jara, abogado y diplomático

El 2017 fue un año de superávit comercial para nuestro país que alcanzó los 6.908 millones de dólares, según cifras del Banco Central, con un incremento del 12,7% de las exportaciones. Hoy Chile cuenta con una apertura comercial y una red de tratados significativa, con 26 acuerdos comerciales capaces de abarcar el 64,1 % de la población mundial y el 86,3 % del PIB global.

Tomemos como muestra el caso de Panamá, que con un TLC vigente desde 2008, en dicho año avanzó en una desgravación inmediata al 64,5% del universo de las exportaciones chilenas, en 2017 logró un 93% y en 2022 el 97% de los productos ingresarán con arancel cero. Hoy Panamá es el principal destino de las exportaciones chilenas FOB en la subregión, representando el 33,05 % en las colocaciones de nuestros bienes en Centroamérica.

De regreso a Chile, y respecto a la futura promulgación del Proyecto de Modernización de la Cancillería ya aprobada por el Congreso Nacional, y que contó con un apoyo transversal, hay que destacar el avance que constituye la creación de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, transformando la actual DIRECON. Decisión que se justifica, ya que dicho órgano interviene en el diseño de la política en materia de relaciones económicas internacionales y no sólo en su implementación.

Así, el marco jurídico del comercio exterior, es decir el conjunto de acuerdos bilaterales y multilaterales que regulan directa e indirectamente el comercio internacional y las agencias públicas que apoyamos la acción privada en el exterior, es fundamental para incrementar la internacionalización de nuestras industrias.

Tareas país en la materia todavía tenemos muchas, pero una de ellas por cierto es superar el magro dato que solo el 2,9% de las Pymes exporta de manera directa sus productos al exterior. Sin embargo, con este nuevo marco jurídico, acompañado de un diálogo fluido y pensando en un ProChile 3.0, podemos ver un futuro promisorio.
Además, nos encontramos en el proceso de un nuevo Acuerdo de Asociación entre Chile y la Unión Europea y en la búsqueda de una mayor penetración en los mercados del Asia-Pacifico. Por su parte, el éxito del empeño jurídico-político de la Alianza del Pacífico, del TPP-11 y de próximos hitos como APEC-Chile 2019, configuran una tarea que, por cierto, en la ley de modernización ya mencionada, encuentran un marco jurídico más sólido. No veamos en esta próxima Subsecretaría más burocracia en la estructura estatal, sino una herramienta para un diálogo fluido entre esta nueva “DIRECON” y sus programas dependientes, como un organismo con más peso jurídico (subsecretaría) en la orgánica del Estado y un vaso comunicante estructurado en el necesario vínculo entre lo político y lo económico.

Aportar conocimiento, información y sobre todo intermediación efectiva, conectando intereses país con el empresariado y los talentos emprendedores, abiertos a la mirada ciudadana y realizar una pedagogía pública de los beneficios de la apertura de Chile y su comercio al mundo, es nuestro gran objetivo. Y por cierto, además, combinar eso de manera virtuosa con los intereses políticos, culturales y demás objetivos permanentes de la política exterior, claramente representa una gran tarea que hay que seguir acometiendo.

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