Sérgio Moro, el juez que pavimentó la condena de Lula da Silva - Revista Capital

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Sérgio Moro, el juez que pavimentó la condena de Lula da Silva

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Lo aplauden en los lugares públicos; lo ovacionan cuando los músicos lo nombran en sus conciertos; los turistas viajan en masa sólo para conocer la oficina donde trabaja en Curitiba, la capital del estado de Paraná; sus seguidores instalan carteles en sus casas para expresarle su apoyo y los jóvenes se pasean con poleras con su nombre y rostro por las calles de Brasil.

Sérgio Moro, el juez federal que esta semana siguió ganando fama luego de que el Tribunal de Porto Alegre ratificara su sentencia de primera instancia contra el ex presidente, Luiz Inácio Lula Da Silva, (y subiera su condena a 12 años de cárcel), se ha transformado en un héroe para muchos en Brasil.

Como líder de la Operación Lava Jato, considerada la mayor investigación de corrupción en la historia del país, Moro ya ha enviado a prisión a varios políticos y empresarios importantes de Brasil.

Pero su manera de actuar divide a la sociedad. Mientras unos aplauden la audacia del magistrado, otros creen que actúa en el límite. En marzo de 2017 levantó el secreto sobre una conversación telefónica entre Lula Da Silva y la ex presidenta Dilma Rouseff en la que ambos discutían detalles para que el primero fuera parte del gabinete de la mandataria, lo que lo habría salvado de ser juzgado por la jurisdicción de Moro, intento que finalmente fue bloqueado. El juez hizo público el diálogo, lo que fue catalogado por algunos como una acción fuera de la ley.

Y también en marzo del año pasado, obligó al ex mandatario a declarar bajo custodia policial.

Sus métodos de investigación despiertan suspicacias. Según una crónica publicada en La Nación, para obtener información de los sospechosos en sus casos, Moro los impone a largas detenciones previas a los juicios para persuadirlos de aceptar acuerdos en los que se declaran culpables, una técnica que habría aprendido luego de estudiar los pormenores de una enorme investigación de corrupción realizada en Italia a principios de los 90.

Según perfiles publicados en la prensa internacional, quienes lo conocen dicen que es una persona muy reservada, apasionada por las leyes, y cuyas decisiones jurídicas difícilmente son rebatidas por tribunales superiores.

La carrera de este tímido juez de 44 años, que estudió derecho en la Universidad Estatal de Maringa, luego obtuvo un doctorado y participó en un programa de intercambio para abogados en la Universidad de Harvard, está ligada al lavado de dinero. Fue un acérrimo promotor de la cooperación internacional de Brasil para detectar cuentas bancarias en el extranjero y ha liderado varios casos relacionados a este delito. En 2013 sentenció al mexicano Luis Rueda Bustos por lavar dinero narco en Brasil.

Alejado de la fama, rara vez da entrevistas y mantiene un estricto bajo perfil incluso en su vida social, aunque desde que estalló el caso, debe ir acompañado de un guardaespaldas.

 

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