Revista Capital

“Que me digan que soy de derecha nunca me ha incomodado”

Por María José López
Foto: Verónica Ortíz

A fines de agosto tenía que cambiarse de oficina. Debía dejar la que ocupaba como ministro del Tribunal Constitucional, en el sexto piso, para instalarse ahora en la presidencia de la institución, en el tercero. Pero Iván Aróstica Maldonado (60) optó por mantener su despacho de siempre.

Oriundo de San Miguel, ex alumno del Liceo de Aplicación, abogado de la Universidad de Chile, dice que prefiere mantener un estilo “piolita”. “No pertenezco a ninguna red política, ni poder económico, ni redes religiosas tampoco. Soy católico, pero no pertenezco a ninguna facción. No estoy acostumbrado al glamour ni económico ni político. Quiero ser el profesor de siempre. Me siento muy piolita y feliz”, afirma.

-Asume la presidencia del TC en un año en que se ha puesto en duda su legitimidad.

-Es un fenómeno universal. La misma discusión se da en Europa y en todos los tribunales constitucionales. La conformación, las potestades, que por qué terminan resolviendo los grandes dilemas de la sociedad. La idea de los que formaron esto, que son los alemanes, era justamente resolver los grandes temas que cruzan a la sociedad. Se supone que la Constitución es de todos. Y debe haber un tribunal que diga “lamentablemente no todos tienen razón”. Estaba pensado de antemano por el filósofo austríaco (Hans) Kelsen.

-¿Por qué se está dando ahora en Chile?

-Quizás durante varios años hubo mucho acuerdo en materias legislativas. Hubo una decisión de los poderes públicos de consensuar mucha ley. No se produjeron esas leyes conflictivas y eso repercutió en que el Tribunal Constitucional no tenía qué resolver. El guardián no tenía que salir a dirimir una gran disputa. Entonces, en un contexto de acuerdos, de consenso, los tribunales pasan un poco desapercibidos, lo cual es lo óptimo. Deben resolver un tema que parece que los poderes políticos ya no pudieron.

-¿Es más desafiante asumir en este momento de la sociedad?

-Sí, y enfrentar nuevas divisiones a futuro. Siento que he estado preparado toda mi vida para esto. Es lo más alto que puede llegar un profesor de Derecho.

Nombrado por Piñera

-Varios critican la forma en que se elige el presidente del TC...

-En mi caso, fui nombrado en 2010 como ministro por el presidente de la República (Sebastián Piñera) con los cupos que tiene como jefe de Estado, que son tres. Nombró además a María Luisa Brahm, y la presidenta Michelle Bachelet a Carlos Carmona. Yo, al presidente no lo conocía. Algunos creen que tengo una vinculación muy estrecha con él (ríe)…

“Está muy claro que los países que progresan son los que tienen buenas instituciones y buenas leyes, no los que tienen leyes en continua mutación. El gobierno que sea no puede llegar con esas ansias legislativas de cambiarlo todo”.

-Fue jefe de la División Jurídica del Ministerio del Interior durante su gobierno…

-Colaboré con todo gusto. Eso sí que fue desafiante. Mi mejor trabajo, el que más me estimuló, fue el inicio del gobierno de Sebastián Piñera.

-¿Ah sí?

-Sí, claro. Por el terremoto. Era una instalación de un gobierno que no tenía experiencia administrativa. Yo soy profesor de derecho administrativo (hace clases en la UDD y un magíster en la UC), y había mucho abogado de excelente calidad, pero del ámbito del derecho privado especialmente. Y había que explicar cómo montar un gobierno. Tuve que viajar explicando, a lo que se sumó el terremoto. Trabajamos con un equipo de primera. Rodrigo Ubilla, el ex subsecretario del Interior, fue un gran líder. Cómo hacemos para dar techo, abrigo y comida, para que no se pierda una casa. Es el trabajo que más me ha gustado y colaboraría siempre con cualquier gobierno.

-¿Le molesta que lo tilden de “el juez de Piñera” o “el juez de derecha”?

-No, que me digan que soy de derecha nunca me ha incomodado. Seguramente había personas mejores que yo. No tengo idea por qué me nombró. Simplemente me llamó. Me siento halagado. El tribunal debe tener una combinación rica entre personas que han ejercido como académicos y personajes que tengan rodaje en instituciones y políticas públicas.

-¿Es un tribunal político o jurídico?

-Las dos cosas. Debe fallar conforme a derecho y tiene que aquilatar también la visión de la Constitución política. ¡Si la Constitución es política y es jurídica! Tienen que estar representadas todas las visiones en estas decisiones.

Aborto: “No comparto la decisión, pero…”

El 21 de agosto, el Tribunal Constitucional rechazó el requerimiento presentado por parlamentarios de Chile Vamos sobre el proyecto de despenalización del aborto. Dieron luz verde a la iniciativa en general y en cada una de sus causales, con ocho votos a favor y sólo dos en contra. Uno de los que se opuso fue él.

-Con respecto al tema del aborto…

-Abortémoslo (ríe)…

-Criticaron al TC por exceso de “show” y escuchar demasiados testimonios…

-No es primera vez que el tribunal lo hace. Con buen tino, puede acopiar opiniones para emitir un fallo jurídico. Se inscribió mucha más gente de la que nosotros pensábamos. Creímos que iba a estar acotado a lo propiamente jurídico institucional político, pero vino mucha gente a hacer valer sus legítimas posiciones morales, religiosas, de toda índole. Escuchamos las más de 115 opiniones…

-¿Tomaron en cuenta esos testimonios?

-Sí, claro…

-Ahí viene otra de las críticas. ¿Se rigen por lo que dice la Constitución o los casos?

-La Constitución habla del nacimiento… pero, ¿cuándo es el nacimiento? ¿Cuándo se produce la vida? Varios expertos en medicina de nivel internacional nos despejaron el punto. Los textos legales no bastan. El concepto de nacimiento tiene una definición natural y otra técnica. Hay que acopiar ese conocimiento, o si no, uno corre el riesgo de la confirmación. Hay que escuchar a todos, aunque no me guste.

-El TC zanjó de una forma que usted no votó…

-Yo nunca pensé en esa solución, pero objetivamente eran interpretaciones posibles de la Constitución. Nadie puede decir “el TC salió con una interpretación absolutamente ajena a lo que han fallado los TC del mundo”. Yo voté en minoría, pero no he dicho que ese fallo está ausente de las posibilidades jurídicas que tenía el TC. Es una posibilidad jurídica que yo no comparto, tiene la mayoría, y eso yo lo respeto.

-¿Es complejo que el tribunal vote de una forma distinta a su preferencia cuando se es presidente?

-Yo creo que las autoridades tendemos a creer que siempre tenemos la razón. Y nunca escuchar y tener ese sesgo. Eso lo vemos. Mire, si en el país ya no dialogamos. Son puros monólogos.

-¿El fallo deja abierta la posibilidad de aborto en cualquier causal?

-Podría ser. El abogado Etcheberry, por ejemplo, dijo que con la lectura que le da él, el fallo da para otras causales y para ampliar la ley. No estoy citando a cualquiera, él fue el abogado del gobierno.

“Ha habido tantas ansias de legislar del gobierno actual, que se han cometido errores legislativos. Eso es un dato objetivo. Porque hay que rehacer leyes”.

-¿Se está abusando del TC como una institución que debe zanjar todos los temas? Llegan casos como SQM hasta el aborto…

-Fue una decisión querida por el tribunal hace dos o tres años. Estábamos dejando de conocer temas que se ven en la esfera política, regulatoria, en materia criminal. Fue querido democratizar el tribunal. Quisimos que se sintiera que no solo estamos para resolver asuntos de una elite, sino también el del chofer que le quitaron la licencia de conducir. Algunos abogados se entusiasman bastante, y les gusta venir y venir. Pero bueno, ahí están los fallos, para que no se entusiasmen tanto tampoco. Además, muchos creen a priori que el TC va a decidir de una manera. Y no es así.

“Déjense de esta guerra legislativa”

-Piñera va ganando en las encuestas, ¿qué le parece que él salga reelegido?

-Lo principal para mí es que se someta a la Constitución, independiente de quien salga. Ha habido tantas ansias de legislar del gobierno actual, que se han cometido errores legislativos. Eso es un dato objetivo. Porque hay que rehacer leyes. Sería una lástima que el próximo gobierno, quien quiera que sea, incurriera en lo mismo. Hay que darnos una pausa para escuchar al otro y sacar leyes de calidad porque eso está afectando la credibilidad del país, puede afectar las inversiones y está muy claro que los países que progresan son los que tienen buenas instituciones y buenas leyes, no los que tienen leyes en continua mutación. El gobierno que sea no puede llegar con esas ansias legislativas de cambiarlo todo.

-¿Como este gobierno?

-Claro… Por querer cambiar todo empieza esa zozobra de la inseguridad. Hay que calmar la sobrelegislación y la legislación motorizada. Necesitamos reencontrarnos jurídicamente. Ya pues, ¡si no se puede volver todo a cero!

-Algunos dicen que usted es mal genio. ¿Es así?

-Sí, claro. Me dicen que soy mal genio por intolerante. Yo combato las ideas de corazón y creo ponerle mucha razón, pero no me gusta atacar a las personas. Entonces no entiendo a las personas que se sienten heridas cuando yo le digo “esa idea está equivocada, te faltan datos, no viste la historia de la ley, cómo es posible”. Y pierdo un poquito la paciencia cuando me atacan a mí como persona. ¡Si estamos hablando de ideas, por qué me atacas a mí! Eso es lo que pasa en Chile. Estamos hiriéndonos mucho. “Espero tener la mayoría para eliminar tu ley”. La ley se ha ocupado para dejar sin efecto todo. Aplastar al otro. La ley es la ley revancha.

Cualquier apuesta sensata dice que el país va a decaer económicamente. ¡Déjense de esta guerra legislativa, de este continuo cambio! ¡Los programas de gobierno son verdaderos programas legislativos! Eso está mal. El presidente de la República debe prometer otra cosa.

-¿Qué debiera prometer?

-No puede prometer qué va a hacer en materia legislativa porque no sabe cómo va a salir esa elección. Entonces, estamos creando expectativas que pueden no cumplirse.
Se está avizorando que hay conflictos que no tienen solución legislativa, ni constitucional siquiera. El jefe de Estado debe resolver eso. Tiene una atribución que se llama la conservación del orden público y puede invitar a los representantes de las grandes instituciones a una mesa de diálogo para que nos pongamos de acuerdo.

-¿En qué caso, por ejemplo?

-La Contraloría, que ha abierto bastantes flancos y ha estado en criterios discrepantes con Codelco. Eso se está judicializando y quizás podría haberse evitado con una buena coordinación. La Contraloría es autónoma, pero nada impide que el presidente o presidenta, como jefe de Estado, coordine.

-El temor es que después se le acuse de intervención…

-¿Cómo va a ser ofensivo que un jefe de Estado ejerza un liderazgo por el bien de Chile?

-Antes del 18 se reunió con la presidenta en La Moneda. ¿Hablaron de estos temas?

-Sí, aproveché de preguntarle por qué estamos en una situación compleja. ¿Será una falla de las instituciones o de las personas que están ahí? Ella dijo que las instituciones son muy buenas. Quizás las personas que estamos en este momento estamos muy crispadas. Esa fue la palabra. Y que no nos estamos escuchando.