Capital Legal

Competencia desleal

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Las nuevas normas sancionan ilícitos perjudiciales para un competidor, que se traducen específi camente en disminución de la clientela.

Una nueva regulación nacional defi ne y sanciona la competencia desleal. Como es sabido, nuestro sistema favorece la competencia, así sea fuerte o incluso ruda. Sin embargo, las formas de competencia no pueden exceder el límite de aquello que se estima correcto en el comercio. La competencia puede ser dura, pero no sucia. La ley N°20.169 (16/02/2007), que sanciona la competencia desleal, viene precisamente a castigar tales comportamientos. Y en este sentido llena el vacío que dejó la modificación de la legislación sobre libre competencia, pues el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia no tiene atribuciones para resolver casos de competencia desleal puros, esto es, cuando no agreden a la vez a la libre competencia. Como se recordará, antes de esa modifi cación las antiguas Comisiones Antimonopolios sí podían resolver casos de competencia desleal puros.

La nueva ley establece una defi nición general de competencia desleal (actos contrarios a la buena fe o a las buenas costumbres que persigan por medios ilegítimos desviar clientela de un agente del mercado) y, además, enumera varias figuras típicas de conductas desleales. Así, castiga actos de confusión (aprovecharse de la reputación ajena imitando productos de un competidor); actos de engaño (inducir a error sobre las características de un producto); actos de denigración (denostar injustamente a un competidor); publicidad comparativa engañosa (comparar productos con referentes que no sean veraces ni demostrables); inducción al incumplimiento de contratos (provocar el rompimiento de contratos de un competidor); y abuso de acciones judiciales (utilización manifi estamente excesiva de vías judiciales para entorpecer la actividad de un competidor).

Para perseguir la sanción de estas conductas la ley utiliza la lógica de la responsabilidad civil. En efecto, la competencia desleal consiste en un acto ilícito perjudicial para un competidor: el perjuicio no es otra cosa que la disminución de la clientela. Por tanto, se trata de una conducta ilícita que solo interesa, en principio, al competidor directamente perjudicado. Y en esto existe una diferencia radical con los actos contrarios a la libre competencia, donde no solo hay intereses privados comprometidos, sino también el interés público de reprimir las situaciones de abuso de poder de mercado. En materia de competencia desleal, los intereses privados se cautelan reparando el daño provocado al competidor: haciendo cesar el acto, declarando el carácter deshonesto de una conducta, remediando en naturaleza el mal causado e indemnizando los perjuicios.

Así, la ley atribuye el conocimiento de estas conductas desleales a los tribunales civiles, que son los naturalmente llamados a dirimir conflictos entre privados. Esta trascendental regulación nacional puede, por tanto, significar un avance ostensible en el discernimiento de los límites entre la ruda competencia (que es perfectamente lícita) y la competencia deshonesta (que debe ser castigada).

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