Bob Dylan a su manera - Revista Capital

Cultura

Bob Dylan a su manera

Acompañado de un afiatado combo eléctrico, su nuevo álbum, Shadows in the night –una relectura de standards popularizados por Sinatra–, es misterioso, intensamente conmovedor.

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Por Juan Venegas

Bob-Dylan

Cuando uno se entera de que el último trabajo de Bob Dylan es un álbum de covers de canciones interpretadas por Frank Sinatra, surge el temor de que el cantautor, con su voz gastada y aguardentosa, haya hecho trizas temas clásicos del cancionero norteamericano.

Otro temor fundado es si a Dylan –en su afán de deconstruir sus propias composiciones a niveles casi irreconocibles– no se le haya ocurrido hacer lo mismo con standards como Some enchanted evening o That lucky old sun.

Todas esas preocupaciones se desvanecen, como las olas que alcanzan la orilla, al escuchar el primer tema de la placa, I’m a fool to want you. Bob y su quinteto, que lo ha acompañado estos últimos años, despliegan un sonido sobrio, intimista, despojado de toda pomposidad orquestal, para apoyarse casi exclusivamente en los sensibles detalles de los bronces, un contrabajo ejecutado con arco y una batería sutil y de vaporosa ejecución. El pedal metálico de Donnie Herron termina de construir una atmósfera sonora que está a medio camino del suave viento polinésico y las desoladas cantinas el viejo oeste norteamericano y se convierte, de hecho, en uno de los principales responsables del grandioso sonido del disco.

Dylan resucita trabajos escritos entre 1920 y 1960, por compositores como Rodgers & Hammerstein, Irving Berlin, Matt Dennis & Tom Adair, Frank Sinatra y Buddy Kaye en un álbum que celebra el profundo poder de la balada romántica. Desviste cada tema a su modo, adapta las melodías a su voz, las convierte en propias como si pudieran venir de su último LP Tempest o de trabajos ya clásicos como Modern Times y Love and Theft.

Su criticada voz se cuela por los parlantes con un estremecedor realismo, denotando una comprensión del sentido último de las diez composiciones. Su entonación imperfecta juega a su favor, impregnando cada compás con conceptos como resignación, tristeza y arrepentimiento. Hay algo de Ibrahim Ferrer en su interpretación, un deje añoso con un ritmo sutil y cadencioso, que sólo el tiempo y la sabiduría musical pueden producir. A diferencia de otros discos surgidos del cancionero norteamericano, como la interminable serie de standards de Rod Stewart, The Great American Songbook, o los de Michael Buble que tienden a la recreación de época, Dylan prefiere la adaptación de los temas a su personalidad, y les proporciona un toque de oscuridad y desgarro que no poseen las versiones originales.

Dylan cantando Sinatra no parece una buena idea, pero Shadows in the Night es un disco con un sonido fantástico, donde se escucha la voz de un viejo rockero contando historias de amores perdidos, arrepentimiento, triunfos y esperanzas que se desvanecen. Se nota la edad en la aspereza de su garganta y en una cierta ansiedad en su respiración. Pero Bob se enfoca en el interior de las canciones más que en arreglos perfectos y voces inmaculadas. El cantautor delinea su propia ruta, a veces con un aparente y cuidado desinterés, pero con una profundidad y una selección de temas que la convierten en esencial. •••

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  1. Juan Venegas: Muy bien verbalizado. Felicidades. Mi única queja es tu manera de calificar su entonación como “imperfecta”. Permítome decirte que tan desgastados como suenan actualmente sus sonidos guturales, jamás; ni hoy ni antes, se le ha escuchado a Bob una sola nota fuera de tono. Su afinación, su entonación, es y siempre ha sido impecable.

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