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Panorama revelador

Artículo correspondiente al número 277 (4 al 17 de junio de 2010)


¿En qué pie se encuentra la fotografía chilena? Una exposición de Natalia Vial permite revisar el estado de la disciplina, sin duda auspicioso y marcado por el auge de las tecnologías digitales. Por María Jesús Carvallo.

Más que opacar a la fotografía, la llegada de lo digital ha permitido un desarrollo renovado de esta disciplina. Algunos incluso hablan de una generación de “artistas-fotógrafos” que, gracias al uso de nuevos registros y técnicas de reproducción de imágenes, han logrado desplazarla hacia el mundo de las artes visuales. Un ejemplo es Natalia Vial, quien está presentando su última muestra en la Corporación Cultural Las Condes. Luego de años de seguir la antigua escuela, esta vez decidió explorar otros soportes y hacer uso de las tecnologías recientes para dar vida a sus imágenes.

Vial lleva más de una década dedicada a los flashes, las tiras de prueba y los revelados. Casi cinco mil días retratando figuras, paisajes y todo tipo de tomas en blanco y negro y color. Reservada, pausada y muy meticulosa, esta fotógrafa se ha hecho un nombre entre sus colegas nacionales. Trayectoria y premios no le faltan y, aunque cuenta con pocas exposiciones individuales en el cuerpo, su leit motiv es privilegiar la calidad, el trabajo reflexivo y pausado, en lugar de la producción en serie y las exhibiciones sin mucho contenido o trasfondo.

Su carrera, eso sí, partió antes y ligada a la pantalla grande. Desde siempre ha sido amante del cine y, cuando tuvo la opción de elegir una carrera, no lo pensó dos veces e ingresó a Comunicación Audiovisual. Pero al poco andar y luego de haber hecho algunos comerciales, cortometrajes y hasta trabajado con Andrés Wood en Historias de fútbol, se dio cuenta de que no iba por el camino correcto porque, aunque le gustaba trabajar con imágenes, prefería las que no estaban en movimiento.

Fue así como dejó a un lado la cámara de 35 milímetros y entró al mundo de la fotografía. Una beca de la Corporación de Amigos del Arte fue su impulso para desarrollar lo que más le gustaba; desde ese minuto no paró más. Por estos días presenta su tercera exposición individual –titulada De memoria–, que demoró más de dos años en terminar. Son más de 70 imágenes de pequeño formato realizadas con diferentes técnicas, que incluyen desde las clásicas análogas impresas en papel hasta digitales y Polaroid. Un montaje destinado a los recuerdos y los olvidos, inspirados en su vida, su familia y su historia.

Natalia cuenta que este trabajo comenzó siendo un ejercicio sobre sus evocaciones, algo un poco al azar que más tarde se transformaría en una búsqueda personal. “Expongo lugares de mi pasado pero que dejaron de estar en mi memoria. Lugares desteñidos y deslavados. Lugares que partieron. Hay una ausencia en ellos que los aleja de mí, sin que pueda hacer algo para evitarlo. Estos lugares ya no son como fueron, se han rebelado y no logro reconocerlos, volver a hacerlos míos. Esa vida que los llenaba en mi memoria está en silencio. Un silencio que ensordece. Estos sitios se fueron en busca de nuevas vidas que vivir. Es como si me hubiesen abandonado”, comenta.

Reconoce que esta muestra no fue tan analizada como las anteriores y que se guió por instinto, por cómo se le fueron dando las cosas a medida que avanzaba. Una exposición honesta y libre de penas y obligaciones, como explica. “Aquí nada fue muy rígido, creo que a estas alturas de mi vida no tengo que demostrarle nada a nadie, sólo uso esto como un medio de expresión y como una terapia personal. Mi idea es que la gente, al ver la presentación, se quede con una gran toma final, una idea total y no varias miradas dispersas. Al realizar esta puesta en escena quise tratar de dar la sensación de imágenes pasadas. Un bombardeo expresado de todas las formas posibles. Por eso, las tomas son descoloridas y oscuras, porque es como si hubiesen estado en mi cabeza y de golpe decidí sacarlas y presentarlas en este espacio”.

Acostumbrada a la escuela antigua, a las imágenes en blanco y negro y al revelado en estudio, en esta oportunidad optó por hacer algo nuevo y usó fotografías en colores creadas con las últimas técnicas y programas computacionales. “Hoy la situación es distinta, ha pasado un tiempo desde mi última presentación, todo ha cambiado y ahora es imposible negar el imperio de lo digital”.

Lentes locales

A propósito de esto, vale la pena preguntarse: ¿cómo está el panorama fotográfico en nuestro país? Si muchos creyeron que la masifi cación de la tecnología y la accesibilidad a nuevas técnicas digitales de registro y reproducción de la imagen podían relegar a este arte a un segundo plano o defi nitivamente sucumbirlo, estaban equivocados. Hoy son cada vez más los fotógrafos nacionales que se atreven ir de acuerdo a los nuevos tiempos y se arriesgan con el uso de lo digital, así como también son más los museos y centros de arte que exhiben, promueven y dan espacio a muestras de esta disciplina. Como dice el fotógrafo y profesor de la Universidad Católica Juan Domingo Marinello, “la fotografía se sentó a la mesa de la cultura y hace mucho tiempo que dejó de ser un arte menor. Las nuevas tecnologías han traído posibilidades más que problemas al lenguaje autoral. Y a pesar de los avances, la toma clásica sigue vigente, este mundo se mantiene vivo. Lo que pasa es que hoy se han ido traspasando objetivos a la plástica y se ha ido uniendo a lo audiovisual”.

La galerista Irene Abujatum destaca el aporte renovador de las corrientes que surgieron en los 90. “Hace dos décadas se produjo un cambio importante en la disciplina y comenzó a evolucionar con precursores como el grupo La Nave. Hoy se ha generado un desplazamiento hacia las artes visuales, conformándose una generación de fotógrafos-artistas, que ha impulsado el formato y se ha elevado a un nivel superior”.

Eventos como la bienal FotoAmérica, ferias como Ch.ACO y gestiones del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes son factores importantísimos que han contribuido a que la fotografía nacional prolifere, a que también el público la haga suya y concurra a ver exposiciones de este tipo.

Un caso destacable es lo conseguido por la galería AFA. Creada hace cinco años, fue la primera especializada en fotografía y, bajo el alero de sus fundadoras –la misma Abujatum y Elodie Fulton–, se ha encargado de generar espacios para la comercialización y exhibición. Gracias a su gestión, se han consolidado importantes exponentes que hoy son reconocidos, como Sachiyo Nishimura –quien actualmente vive en Londres y ha presentado varias muestras en esa ciudad– y Cristóbal Palma, que divide su tiempo entre Europa y Chile.

Por su parte, la galería Animal también ha apostado por la fotografía contemporánea y, junto a la Sala Cero, ha impulsado a que creadores menores de 30 años sean parte de la cartera local de fotógrafos. Antonia Cruz, Cecilia Avendaño y Catalina González han traspasado las fronteras con sus obras y han sabido usar la fotografía como complemento a sus creaciones con otras disciplinas. Cecilia, por ejemplo, ha desarrollado trabajos que exploran desde los procedimientos rudimentarios del efecto de la luz sobre las superficies fotosensibles hasta la intervención y el collage aplicado a la fotografía digital. Junto a estas artistas se suman otros, como Tomás Munita –ganador de premios como el World Press Photo y Leica Oskar Barnack– quien, a través de su trabajo ha logrado renovar el lenguaje documental; y Valeria Zalaquett quien, luego de especializarse en España y Holanda, decidió volver a Chile para consolidar su carrera en su país de origen.

Aunque el futuro se ve alentador, Abujatum advierte que falta mucho por hacer. “Si bien hay varias galerías y museos que dan oportunidades a los fotógrafos y organizan muestras especiales para ellos, creo necesario que más esfuerzos se unan, porque nunca es sufi ciente”. Otro tema pendiente es el coleccionismo. Según comenta, “la gente recién se está atreviendo a comprar arte con fuerza. Antes lo hacían sólo los entendidos y los con mayor poder adquisitivo. Hoy, está cada vez más al alcance de todos, pero igual todavía el público masivo prefi ere invertir primero en un buen grabado o una pintura antes que en una toma fotográfica”.

Marinello, por su parte, agrega que “la generación actual es muy sólida, no tiene miedo a expresarse. Por lo mismo, vamos a tener la posibilidad de ver muchísimos trabajos. El tiempo es el mejor juez para lo que se avecina. El mundo de lo digital va a permitir una mayor democracia en términos de la fotografía y una mayor posibilidad de mostrar. Antes no existían tantas oportunidades y los jóvenes tenían un camino largo y difícil. Además, los auspicios eran restringidos. Hoy, la llegada del iPad y de ese tipo de tecnologías va a ayudar a que se dé un mayor desarrollo, así como fue Internet en su minuto. En todo caso, puedo decir que Chile es un país de poetas y también de fotógrafos”.

De memoria está abierta al público desde el 3 de junio y durante todo este mes en la Corporación Cultural de las Condes.

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